1.29.2015

:: Segundo Sometimiento ::



Ella fue testigo de la explosión. 

Emitió un bramido 
largo y efusivo, 
coreando el mismo gemido de millones de cifras
que hicieron del desgano un templo cuadrado
(sin forma)
y obviamente contemplado por el enemigo.

Ella sostuvo la misma antorcha que todos los mártires digitales.

Y al final había que seguir, 
total 
el fin del mundo es una linda promesa,
hoy en día cuando no hay tiempo para nada
ni para nadie.

Ella contemplaba la muerte con dulzura;
nunca le creyó a sus padres 
cuando le inyectaron
la existencia 
a través de todos los colores.

¿Y si el sentido sea en contraposición al tiempo, en contraste con la fuerza vital, 
en una trinchera clandestina, por cierto de paso, usando a la vida como un mal argumento
para rebatir al caos universal?

Ella contaba las estrellas en sus bolsillos, 
miraba el suelo nublado de tantos espejos quebrados, 
abría y cerraba puertas, 
cambiaba las persianas de su propia justificación moral,
se objetaba de seguir objetando.

Le costó tanto dejar el vicio de discutir con su propio reflejo, 
se refugió en la dulce masturbación de todos los días, 
elaboró tantas realidades inconclusas, 
hizo de cada segundo un momento perdido en la inmensidad de la proyección de su propia época.

Ella era su propia época.

Y moriría con ella. 

Lo tenía claro.

Y el péndulo giraba en el trapecio de las emociones, que al final serían el gran misterio de todas las cosas.

Dejó de hacer caso a los continuos reclamos sobre la propia extensión de sus sentidos. Dejó de pescar a los incautos de ferias subterráneas, a los mansos de placer, a los toscos chovinistas de la nada local. 

Ella crió un par de versos en su jardín secreto, los regaba con sigilosa meditación
y fluía como el pasto seco de una población perdida en la vorágine verbal.

Ella era un pincel malhumorado que decoraba con venas huecas la rutina, 
un mal momento para hacer el amor, 
una careta roñosa para engañar a los que aún creían en las concesiones, 
un desprecio gutural a todos los malditos payasos que se largaron al exilio de la lucha 
y se refugiaron en sus propias parcelas ideales de la mediocridad. 

Ella era su propia parcela, 
en donde clavó un leve letrero.

El letrero estaba en blanco, como siempre...


1.26.2015

:: Cinco minutos ::



Ella te recordaba.

Sentada en la escalera, 

miraba el cielo,

sonreía, 

escuchaba una vieja canción de amor.

Es que en el amor no hay versos nuevos, 
ni son necesarios....

Ella se había vuelto tan simple,

miraba tus fotos. 

Te odiaba.

Había olvidado odiarte, 

amarte, 

olvidarte.

Y todo lo que ella era, 
le estorbaba.

Todo lo que alguna vez fue contigo,
se iba con la canción.

Ella se tatuaba tu aroma en el pequeño espacio
que se difuminó con la ironía de la vida...

Ella gustaba de apostarse por la misma calle, 
todos los días, 
todos las vidas, 
todos las idas y venidas
                                       de la mano, 
                                                           en sosiego, 
                                       a carcajadas, 
                                                                              embriagados de miles de momentos
                      que fueron o no fueron, 
                                                              o serán...

Ella quería ser aquel, 
ella quería no ser aquel, 
ella no quería dejar de ser.


Ella gustaba de ver la televisión, 
y perderse en el zapping, 
y perderse en la noche, 
y perderse todo el día, 
porque todo ardía de mala manera allá afuera, 
todo se evaporaba formando una espesa niebla, por donde todo se desvanecía.

Ella quería guardarte en un libro que jamás leería, 
cambiarte el nombre y osar lo insensible, transformarte en un vuelo raso, 
o simplemente hacerte un funeral y dejarte en su propia tumba.

Ella nunca te quiso como quiso quererte, 
ella nunca te dijo lo que tenía que decirte, 
y ya no puede elaborar un miserable simulacro que calme
el rugido del silencio.

Ella se colgaba del tiempo como un barrilete se cuelga del viento, 
y las lágrimas dejaron de alcanzarla.

Ella se hizo un abanico con su perfecta comprensión 
de la inmensidad.

Ella se sabía diminuta en esta arrogancia del océano.

Ella sabía que la canción terminaría, 
que, como nunca dijiste, 
sabía mudarse de cuerpo como las serpientes.

Aun recordaba tu mirada perdida, 
tus versos lluviosos, 
tu poesía geográfica, 
tu almidonada comprensión de la subjetividad, o ese columpio que saltaba por la ventana.

Ella sentía que la canción finalizaba, 
en tanto dejara de escribirte, 
en tanto dejara de animarte a volver,
en tanto dejara de anunciarte su partida, 
en tanto dejaras de ser otro mas de sus cigarrillos
que besaba al partir...

1.13.2015

:: Veredicto ::




Eres inocente, 
por eso las tormentas se conjuran a tu alrededor.

mientras ella gustaba  de bailar 
en el ojo del huracán...

1.10.2015

:: Lamentaciones Ilícitas ::


Ella miraba su reloj.

Era tarde.

Tarde para los que madrugaron temprano.

Tarde para recordar vidas pasadas, 
tarde para fabricar cadenas de margaritas.

El comercio abre a las nueve, 
el despertador se ahogó de tantas lágrimas, 
el espejo quebrado, el corazón parchado, el cielo amurallado, la silueta cansada, el valor puesto
en la verdad, las mentiras en el congreso, o en el casino, o en la madrugada a las cuatro de la tarde, 
o en nada que hacer...

bye, bye, bye, baby bye bye.

Te mudaste lejos, lejos de mí, lejos de ti, al otro lado de la ciudad,

Ella sospechaba, ella murmuraba, ella te leyó, lo hizo en breve cuando supo de ti.

Los cerros levantaron barricadas, y ardieron por un verano completo.

El tributo fue pagado en vano, el tiempo quiso avanzar de prisa, sin apuros, tan solo por capricho.

No hubo tiempo para esperarte.

Ella creció junto al reloj, y lo amaba.
Le contaron tantos cuentos de borrachos nuevos, tantos vasos de vino en banca rota y tan pocos
misterios sin resolver.

Ella no vacilaba en perder el tiempo.

Es más, 

gustaba de salvarse sola.

gustaba de saborearse viva, 

gustaba de acomplejarse con la bendita expiación de la madurez...

Ella te extrañaba, bebía cada una de tus esperanzas, osaba pedirle al diablo que te acompañe, 
osaba mirar el océano y encontrarse pequeña, diminuta, inservible, fugaz, sin miedo, sin razones, sin olores, sin un peso en su cartera, sin un faro que capturar.

Ella te servía, tú lo sabes bien.

Ella te extrañaba , tú lo sabes bien.

Ella se contenía, tú lo sabes bien.

Y quiso correrte de sus aposentos, y quiso ganarte en la buena ley de los malos muchachos, y quiso asesorarte en las historias de amor, y quiso mancharse por ti, y te dedicó canciones, canciones viejas, canciones feas, canciones que te salvarían, canciones como un código que no supiste valorar, que no quisiste recordar.

Te mandó a la mierda con toda tu poesía de maraco desnudo. Pero te amaba,

Te amaba.

Te amaba.

Te amaba.

Ella te amaba.

pero nunca tanto, porque te respetaba, porque te amaba, porque te extrañaba, porque eras su absoluta posesión, porque sabia que todo esto era un fracaso, la vida es un fracaso de la verdad, es un fracaso de la inmensidad del espacio, es un fracaso en todo lo humanamente posible, en todo lo banalmente perecible.

Ella Miraba tu reloj, y sonreía,

a carcajadas

a carcajadas

a hurtadillas

a ahorcajadas meriendas de la mediocridad. 

Pero por favor, dejar de llorar

Pero por favor, deja de buscar, de buscarme, de buscarte, deja que las respuestas son de los otros.

Ella miraba un bello blues en tus ojos, y fenecía.

Y sonreía, 

Y lloraba

y Creía

Y sabia que no eras sino un rastro, un momento, una mesa y dos copas, 
un momento

y nada mas...

1.01.2015

:: Hope ::



Ella miraba de reojo el amanecer de un año nuevo.

Silente la vida empezaba sin tapujos, sin mayores aciertos, sin muchos balances.

A estas alturas, donde todos tienen todo resuelto, ella gustaba de dudar.

La vida encerrada en la teoría, en los valientes libros de la buena memoria del camino recorrido, en un par de discos de cabecera, en ancianos ideales frustrados por la maquinaría inalcanzable del abismo.

Pero, sin querer queriendo, podía sospechar que la marea era un chiste, un asesino sin armas es un bocón, un cantante de tercera podía tener un hit, un mentiroso de primera era un necesario creador de ilusiones, la cena familiar de fin de año ya no le causaba estragos en la memoria, ni en los mismos discursos de siempre; es más, le pareció hermosa.

El tiempo es un curandero, que sana las heridas...

Ella miraba el amanecer de un nuevo año, sin temor a saciarse de la vida, sin temor a violarse los segundos que le quedan, con una sonrisa que partía el sol en un millón de recuerdos cinematográficos, habían tantas postales que podría encargarle a la vieja, con el simple fin de la posteridad...

Había un umbral que no aparecía en las academias, había un bullicio en su cabeza que no la dejaba en paz, había un pequeño recado que se formaba lentamente, conforme pasan las ideas y se van renovando.

Y a la mierda con la pleitesía notoria de los lame-botas de siempre, esos que suelen copular con el indolente tributo a los que ya trascendieron. Ella quería parir con aire sus canciones, con fuego sus pasiones, con agua sus desvelos, con trueno sus amores, con miedo sus errores, con tierra sus temores, con un cigarro sus dolores...

Y eso era un cliché, será que ya no le importaba el cliché de la masturbación, será que ya no le incomodaba la tumultuosa meditación de rodillas gastadas, será que el centro del universo le calzaba bien.

Al final nunca quiso las respuestas, y llegaron igual...

Sucede que se calma, 
de ser en tanto ella.

:: El Rio invisible ::

Es hacia el ocaso, hacia esa curiosa, hacia esa curiosa,  hacia esa curiosa dirección por dónde nos inclinábamos cuando éramos chicos. En el...