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Mostrando las entradas de junio, 2008

::: Cuarto Silencio: Hágase el Silencio :::

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Lobo del ártico - Canadá. Suficiente tengo ya, con el zumbido leve que rebota una, y otra, vez, por el vidrio de una ventana que da al invierno seco, rotundo, inolvidable, cuando han pasado tan solo mil días después, de nacer.... Suficiente agua han regado las mejillas Marchitas, que sin duda se han esfumado tibiamente, cuando el calor sofocante de la existencia, hierve a pedazos negros, fruto de cientos de espaldas muertas, que, colocadas en el lugar exacto, dibujan una montaña insoportable cuando emergen fecundas de sudor, silencio, y un par de insípidos momentos, que dan un correcto tributo al pan de cada día, o la memoria. Las palabras son tan ingratas, que se desgranan (sigilosamente) para enviudar de mi mismo, caer limpiamente al suelo, o al menos hacer caso omiso de que la vivencia es como una flor (de amanecida) dejando ver, tan solo unos segundos, el fruto intenso del desastre... Y así se han colgado los zapatos…. Se han tirado en una huelga (prudente) para protegerme Se han

::: Fotografía Poética :::

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ARAUCARIAS DE CONGUILLIO - Karina Severín. Horizonte que domina las penumbras, naces disperso tras el paso de la historia. Haz dibujado al miedo (de hojas sagradas), que se profesan, se someten, se hortalizan… hacia el prístino calor, del negro invierno asesinado. Horizonte que creces erguido, múltiplo de cientos de homenajes, que han de nacer (prestos) al lenguaje, que profesa amor copioso y meditabundo, fruto de la sombra, olvidada con sigilo, en las promesas. Hay un silencio de tajo abierto, que se esconde en un segundo. Hay un olor a nieve que hace temblar, el ofuscado camino de regreso, hacia los cuentos de la infancia Ya no bastan los aullidos (despiadados) de hombres y mujeres, que callan al desastre, en todas sus facetas… Ya no basta la indolencia para contener al mundo, que como viene, la recibe, (pues claro) en sus bolsillos, para devorarla oculta, entre los cristales, (propios

::: Valparaíso en cinco fotos ::::

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Fotografías de Karina Severín. En Valparaíso hay cerros que hacen fila, para dibujar espacios multicolores. Avenidas que escapan hacia el cielo, para pronunciar el nombre (exacto), de la vida, o de su pueblo. Una sonrisa misteriosa inunda cada puerta abierta, como queriendo esconder tantas historias, que se ciernen por ahí un poco ausentes. Y entre los edificios roñosos, (o algo dispares), los pasos desaparecen, dejando la mirada presta, en el ayer… Y así, Los ojos se empujan, (hacia delante), para que la memoria se encargue de traernos a los cerros, una, y otra, y otra vez… Cuando los motivos desaparecen… En Valparaíso se contiene el alma, que se encuentra rodeada, de tantas espinas, que ni la brisa marina puede traspasar, el paso inconsecuente de algunos años, cuando el mar se hace más profundo que de costumbre. Es mejor dormir, en las alturas de los cerros, dejando que la veje