9.27.2017

:: Fiesta Sorpresa ::





Inflando globos con gritos, 
zapateando fuerte el silencio, 
las olas del viento se perdieron
junto con la mirada.

Los ojos perdidos en el centro del universo.

Recuerdos.

Pudimos ser.

Sumergido en una calle sin salida,
naufrago en el frío cemento del abandono propio, 
mientras llueven ideas vírgenes
listas parar desvirgarlas con la solemne clemencia
de la patria que me violó hace años.

Los globos suelen reventarse a medio día, 
cuando el viento me dirige un desprecio
y el silencio huye de mi 
como si yo fuera la encarnación
de la propiedad privada.
.

Sigo en esta delicia culposa
de ojos cerrados;
soy la cerradura amarga de la continuidad 
del tiempo, mi propia herencia
genética.

Seguimos siendo recuerdos, 
puede ser.

El círculo me arrastra del comienzo
hacia el fin, 
soy el radio perfecto de una historia 
perpetrada a través del triunfo funesto
del patriarcado.

Soy lo que mi madre pudo, lo que mi padre
debió, lo que siempre pudimos ser.

Elegí no olvidar a nadie, 
(menos a ti), 
en esta caída libre cuando el sol quiere largarse
a su casa, para morir en los brazos de la luna.

Ay de esa ilusa pasión escarlata que parió
las mareas, el viento y toda su arrogancia silente.

Soy el testigo mudo de la dialéctica 
histórica, ceñida a las cifras y a vencedores, 
a cuervos y leones que se sentaron con el lobo
para embargar ovejitas por las noches, 
para seguir siendo recuerdos, 
para seguir esperando a que me decida a llamarte, 
y dejar de ser recuerdos inflados con gritos que zapatean fuerte
el silencio.








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8.14.2017

:: Ontología Propia ::

Una onda que merece algo mas.
Un trasnoche cotidiano que mira el día
con los ojos nublados.
Un idilio permanente que sueña con sus propios enemigos
para buscar respuestas innecesarias.

Una montaña de difícil acceso que se desquebraja 
en flores y melodías melancólicas.

Un barco de papel que se hunde en el arroyo de sus propias
lamentaciones.

Un gorrión que juguetea en el cielo crepuscular de una ciudad
(eterna)
olvidada como una ciudad del césar y todos sus asuntos.

Un falso profeta que salió a comprar pan y cigarrillos
mientras las miradas arden como el relámpago.

A veces el muchacho salió un día 
la ultima vez que se vio por ahí, frotaba por su cuerpo ese aburrido
bloqueado lunar que tanto le gustaba.

Casi siempre jugaba con sus reflexiones de pirómano intelectual.
Odiaba el aire fresco que formaba las nubes, 
esas hijas bastardas del océano y toda su arrogancia.

Se sabía una onda, o al menos eso había aprendido
con los años.

Revoloteaba entre la propia muerte y la negación de la existencia, 
la plenitud del vuelo indolente, la heroína misteriosa, 
ausencia de si mismo.

Tanto recorrido para saborear nocturnos congelados en un piano.

Siempre supo que había algo mas para él.

Siempre hay algo mas para él.

Siempre supo que mañana era mejor,
pero nunca es mañana, 

siempre es hoy.

Una onda en la montaña solitaria
trasnochada que sueña con sus enemigos
en un barco de papel que dirige un gorrión
con destino a la ciudad del falso profeta
esperando que el muchacho siga tratando de quemar
su propio mundo con lágrimas de cementerio.








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7.29.2017

:: Transfusión ::




La sangre, 
el caminante espectral.

Marchamos al exilio
El inviernos sin remordimientos
se cuela en el alma, 
drenándola entera.

El plexo digital conmueve de manera individual.
El trono de hielo nos pertenece. 
El pilar de escarcha se corrompe en nuestro propio silencio,
mientras aullamos y aullamos como un lobo solitario,
abucheado por las ovejas.

La sangre.
El temblor eterno.

El bullicio del vacío sin fondo,
todos hablan, 
todos gritan, 
que se callen, 
que se callen.

La sangre, 
las calles negras.

Entereza ligada al tedio
que se rompe como un cristal,
gélidas garras corrompen el corazón de piedra, 
los mártires lo devoran
como la última cena prometida 
de la mercadotecnia.

La sangre, 
el abrazo vampírico de la suerte.

La cifra final, el cuento terrible.
Alocadas frases se pasean como fantasmas,
el pulso se congela, 
la helada blanca se desnuda,
me toma, 
me lleva, 
me conmueve, 
me cierra y me abre 
como un sacrificio silvestre.
Alas abiertas para contener el fuego
de mi pasión mezquina
y algo cansada.

La sangre, 
el sistema.

La poderosa matriz me apaga,
no le convengo, 
no soy un buen trato.
Intento zafar de toda maldición, 
sigo temblando de frío, 
sigo temblando de soledad,
todos me sobran, 
todos me adornan, 
soy el árbol de pascua que cuelga sus amuletos
en cada rostro que intenta acompañarme.

La sangre,
el exilio.

Ahora marcho solo, 
soy yo el único, el original,
sobreviví a todas las copias de mi mismo.
Afuera no hay nada mas que una prosecución
de una raza que no me interesa.
Ellos ganaron, ellos nos vencieron, 
ellos nos obligaron a marcharnos.

La sangre, 
la huella.

La caminata espectral.
Todas las micros me sirven, 
todos pagan en mi viaje, 
de todos tomo algo,
vivo todos mis últimos momentos a diario.
Siento que las manos se transforman en relámpagos.

La sangre,
el descanso.

Somos el desastre que nos une,
el orden que se opone al odio, 
la vasija sagrada de los dioses, 
que juegan a lograrnos expectativa, 
siendo parásitos de la esperanza.

La sangre, 
las venas heladas

Secas, taciturnas, orgullosamente vacías.
Sólo aquel que acepta su propio reflejo 
puede perdonarse
y mandarse a cambiar.

Donde nadie nos espera.

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7.17.2017

:: El Resplandor ::




Yo subí y bajé varias veces a pata por Cumming.

Me fumé no se cuantos cigarrillos.

Los escalones siguen intactos,
la gente insiste en pasar desapercibida.

El cuerpo como punto exacto 
henchido de recuerdos.

Vi pasar las horas sentado ahí, 
esperando.

Sabía que las horas y los otros eran nuevos desconocidos,
en una historia invisible sin mayores aspiraciones.

Siendo la propia historia, caminé por las afueras de tantas imágenes
inconclusas.

Uno nunca sabe cuando terminan de sorprenderte las avenidas sin 
un final aparente.

Muchas veces el pasado puja por volver a nacer fértil y dócil,
como si mi cuerpo fuera un pesado umbral que se quiebra
en miles de segundos pasados, 
con aromas y sabores explosivos, 
con alimento de perro guacho y viejo,
que camina sin prisa
a pesar del brillo en sus ojos.

Muchas veces busqué y busqué, 
mirando a través de la gran ventana,
a través del metro, a través del tiempo no concedido;
desaparezco cual fragmento etéreo de tu historia,
tirando la bomba de humo para zanjar todas las dudas.

Muchas veces el pasado es un compás nocturno
de pianos salinos,
que no terminan de doler.

Algunas veces prefiero caminar en secreto,
gritándome al oído mi propio nombre, 
como aquellas vez.

Ahora último, 
bajo mas seguido al centro, 
ahora fumo mi propia estación, 
siempre esperando:

Esperando bajo la casualidad

o al inicio de nuestro propio tiempo.



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7.06.2017

:: Los Perdidos a Media Voz ::



I

He dejado la puerta entreabierta,
quizás a media luz,
a media luz esperando siempre 
que salga el sol del otro lado,
a ver si me arrastra,
a ver si me alienta,
a ver si dejo este vaso medio lleno,
(medio vacío),
a ver si me vuelco a una implosión tutelar,
sin muchas evidencias posibles,
ni ejemplares reciclables.

Camino desde el sur, hacia el sur, hacia el extremo.
El eje del fin del mundo aguanta todo el peso,
del oscuro sosiego matutino.

Caminas por geografías conocidas, has asumido la resolución de tus propios laberintos, 
el puzzle está casi completo, 
pero vacío, 
siempre está el vacío. 
Hace frío, el sendero no permite cambios, las horas igual, la vuelta es lo mismo.
Cuerpo coraza que cubre la nada, 
el suspiro que nunca rebota en el interior, 
la sangre que brota como 
retazos de algo que no nos pertenece.

Sólo el dolor habla por nosotros, 
sólo hay sangre cuando enfrentamos el miedo y, 
curiosamente, 
no queremos morir,
algunas veces.
  
II

Han dejado de llamarnos, 
parece que nos hemos extinguido, 
afuera hay un par de monigotes que aparecen encuadrados 
con voces moduladas, 
repartiendo migajas que sobran de sus dietas, 
hablando de un lugar a través de las cifras y la ley, 
la maldita jurisprudencia,
todo en nombre de la república en la medida de lo posible

Y nos hablan a nosotros, 
los hijos de la república del silencio, 
los que estamos conformados por cifras y símbolos, 
los que asechamos las hojas de la historia para borrarla con el codo, 
en ese rebote cósmico de una existencia que a nadie le importa; 
somos un engaño, 
la mentira viviente del sentido verbal, 
los usurpadores del equilibrio, 
la voluntad de poder arrasar con todo 
¿No me crees?
 Llena tu cartera de billetes hasta que puedas nadar en ellos, 
luego háblame de moral y costumbres varias acerca de la masturbación.

Caminamos en la insuficiente capacidad de resolver nada, 
somos lo incorrecto, 
lo banal, 
el residuo sobrante, 
la propia deshumanización de la experiencia, 
el pequeño umbral del pragmatismo virulento,
una ausente metáfora hinchada de su propia gravedad.

III

Dejo la puerta entreabierta, 
en el ojo del pasto hay una espina de sangre, 
Camino el cementerio que ahoga la lluvia, 
todos luchan para perderlo todo, apuestan el tiempo 
para cambiarlo por el viaje que nos prometen a diario, 
esa maldita marginalidad del espíritu, 
esa proeza de ser unos perdedores,
he ahí nuestro orgullo, 
nuestra clandestina patria del placer.

Seria tan fácil si pudiéramos
dar la media vuelta, 
tomar el último tren, 
exiliarnos al olvido;
pero la muerte se escribe sola
una raya en el océano silvestre, 
un descanso en el hollín de tu propia cama, 
las uñas cortadas, la cara sucia de tanto mirar siempre al espejo, 
las escamas de nuestros sueños llacen ahí, en lo mas profundo
de la propia consideración social.
La mirada perdida, el cáliz de sexo, la humedad de tus recuerdos, 
fantasmas que acompañarán la descomposición del cuerpo.

Dejo la puerta entreabierta, y observo a nuestros cuerpos fusionarse 
con la plenitud de la pasión, 
siendo la propia suspensión del juicio, 
haciendo carne el olvido de si mismo, 
haciendo sangre las historias que chocan formando una galaxia, 
estrellas en el reflejo de tus ojos entreabiertos, 
sinfonías lujuriosas que brotan como hierba despues de la lluvia, 
Gemidos en curva que rompen toda línea recta, 
aferrados al miedo de perdernos el uno del otro, 
somo el instante fugaz que vale la pena recordar, 
quizás sea ese el motivo supremo del viaje 
el sentido inagotable de nuestra existencia.

Cierro y abro la puerta, 
amor y odio se funden al rojo vivo, 
el sol llueve húmedo el apogeo del invierno,
la primavera siempre tuvo matices de falacias indolentes, 
el manto de los días nublados, 
la noche, 
el frío, 
las posas de barro, 
Yo, 
Tú, 
Ellas, 
Ellos, 
los otros, 
nosotros...

Los perdidos a media voz.

-

Abre la puerta.





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6.06.2017

:: Rebote ::



¿Es imposible ahuyentar la costumbre de pasar desapercibido?

Camina como alguien que no tiene rostro ni mucha indulgencia.

Pasa con mucha pena, satisfecho de la experiencia diaria sin que a nadie le importe, 
pero en la gloria.

Todos están ahí, a tu alrededor; son seres sin rostros, sin forma muchas veces, todos los días rebotan en tu mirada, sin que te importe demasiado.

Hay un total interés en ir y volver, en ir y volver, en rebotar como una pelota que sube y baja del cielo hacía el infierno, y vuelve a rebotar.

Vida que rebota como un delicioso veneno que oxida la vital inocencia.

La mayoría del tiempo no emite palabras, conversa consigo mismo, juzgando el prejuicio ajeno. 
Cree que avanza mientras sigue rebotando, sigue elaborando jornadas que no salvan a nadie del destierro de su mirada, cuando trata de volver al inicio, cuando trata de resetearlo todo y poder dormir en paz.

Hay veces que las imágenes de la realidad rebotan en el vidrio del viaje, el vaho misterioso de los pasajeros a su alrededor, nublan el destino y no queda otra que hurgar en las otras cifras, acudiendo al placer tan humano que nos insta a  fisgonear, a buscar en los colores, los aromas y las miradas ajenas, algo que pueda fraternizar esa soledad de ida y vuelta.

El resto del día mete la cabeza en lo inverosímil, en lo falaz de la existencia, desaprovechando el tiempo concedido para cambiarlo por fichas para el carnaval, delegando toda la responsabilidad en sus decisiones, que siempre son con mucho desacierto.

A veces puede ser un discreto carnaval y gastarse sus fichas en su cuerpo, tomando el sexo con mucha fuerza, sus manos ahora son un par de tenazas que urgen en infringir dolorosas meditaciones en el cuerpo, para gritarle a todos que aún vive y dejará por siempre
que lo vean sufrir.

Tal es el calvario de los inocentes que se esconden de la meticulosa casualidad, 
que tejemos cuando nos lanzamos en caída libre, 
cuando abrimos los ojos sin saber despertarnos.


El puede seguir o no nuestro consejo 
¿No lo crees? 
Total, nosotros somos mejores, somo especiales, somos ¡Los Mejores!.

El siempre sigue su ruta, incluso si está desempleado o con pareja estable, desahuciado o con vacaciones en el extranjero, con ellos o sin ellas, con ganas o con la nausea del séptimo día.

Por las noches acude a consolarse con dolores ajenos, se introduce en el drama ficticio de creaciones imaginarias para llorar sin remordimientos, 
o a veces ríe como un infante sin memoria, 
suele colgarse de las reflexiones en serie y se queda pensando... 


Por lo regular está acompañado y se siente bien solo. A veces esta solo y conversa con el placer de sacudirse como un salvaje, la proyectora imaginaria le dibuja una mirada perdida, su mano dibuja el contorno de su sexo, las manos suben y bajan, a veces suaves, a veces tenues, a veces se detienen y la mirada perdida es una contemplación de reliquias pasadas; su cuerpo se transporta en la rigidez mental de la contorsión, la presión se fusiona con el placer de someterla, se la imagina húmeda, sin miedo, levantada por un puñal de carne que la penetra sin piedad, sus manos rebotan en paredes imaginarias, los gemidos son incesantes y su cuello es envuelto por los brazos de aquella mujer serpiente con muslos de yegua pura sangre y boca de pescado con alas. El ocaso es inminente y la leche tibia derramada entre sus manos dibuja un sendero blanco y viscoso que baja por sus piernas. Y ese es el momento en donde se vienen a la cabeza todos los pensamientos posibles: La existencia sublime, la eternidad, el caos, las estrellas, el cosmos, dios, la cantidad de seres humanos en el planeta, la infinidad de microorganismos que conviven en toda esta miseria, la cantidad de basura que generamos todas las semanas, la condición de ser producto de un orgasmo, el futuro que no tarda en aparecer, todo es un rebote de cavilaciones que se van disipando al volver del viaje. No por algo lleva mas de veinte años sometiéndose al clímax del destierro personal. 

A veces se limpia con algún pedazo de papel confort, las otra suele frotarse las manos para indagar en la efímera existencia de los seres que pudieron ser y no fueron mas que engañados producto del placer propio. A veces piensa en lo ridículo del castigo eterno que prometió su madre cuando lo pilló una vez cuando era niño. Las otras, suele meditar en el egoísmo que dilata la memoria, concluyendo todas las veces que la propia existencia es un error que hay enmendar a diario.



Rebote tras rebote, ha descubierto que la pelota sigue envejeciendo y las paredes siguen ahí, 
(La verdad es que, a veces, es imposible pasar desapercibido)
mutando 
de una generación 
a otra.


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4.26.2017

:: Jaque de Reina en posición de la Torre. ::



A veces puedo leer todos los movimientos, 
adelantarme a todas las jugadas, 
puedo ver en una foto el truco holográfico de la luz encerrada en un espejo de plata, 
o caminar despacito el espacio común en donde todos se apuran a llegar.

A veces me apenan las vacaciones ajenas, llenas de tanta expectativa rota, 
puedo saltarme las horas como si fueran charcos de lodo, mientras las hormigas 
se mueren ahogadas.

Todas las noches son una línea recta de pasión y locura, mientras todos duermen.

A veces puedo recitar de memoria el puro Chile es tu cielo azulado, mientras observo con detenimiento el desapego del cuerpo al territorio, la tierra como un objeto mas de nuestro consumo, las voces de los niños que siguen apareciendo como amuletos sagrados para olvidarnos de la penosa pronunciación de la histeria cuando albergamos algo de cordura.

El sinsentido de un jaque mate sicopático, envuelto en algodones para que no se nos estropee.

La voluntad enorme de poder admirarlo todo antes de quedarnos sin alma.

Una buena película de bajo presupuesto.

La vida hecha jirones de color pastel.

¿No te han ganas alguna vez de pintarte de un solo color? como cuando se pinta una muralla vieja para borrarle toda la memoria.

A veces alcanzo a olvidarme del día entero y salgo a caminar por mis memorias.

Y recuerdo...

La reina me tiene amenazado desde la posición de la torre, mientras trato de huir como un peón silvestre que sólo quiso ver la luz.

A veces quisiera dejar de leer los movimientos

y sentarme a esperar el salvaje peso de la eternidad, 

entre tus brazos. 

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Lovercraft

"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."

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