7.12.2018

:: De paso ::

El amor enfría la fiebre de festivos dulzores.

Susurros que acarician la memoria de una sombra extraña que, sorda de tantos recuerdos, no pudo escuchar la trayectoria de la puerta que se cerraba.

Esperando en el triunfo de mi cuerpo sobre tu alma, parado estoy aquí, esperándote. 

Todo está oscuro arriba del mar que no descansa, ni las olas.

Crece la hierba después de la tormenta, en tierra exiliada que se fue con el tiempo.

Los tallos perforan la sangre y corre por mis venas un embriagado licor que hace cosquillas.

Cerrados los ojos, el recuerdo azota como suaves gotas de aurora, el halo del viento golpea gélido en este vuelo destinado a estrellarse fuerte, sin cajas negras para poder comprender...

Vidas apodadas por el taciturno reflejo en la luna que muere de sed y me suplica que la ubique detrás de un día que nació purificado por la lluvia de la noche anterior.

El perro me siguió hasta convertirse en gata, después de llorar, ideó un plan para quedarse por siempre.

La luz del sol me ha tiznado de añejas melodías que hoy son mis propios himnos antes de la batalla.

Pero esta vez es diferente.

Tanto que se aprende cuando por casualidad sueles exiliarte de la ciudad, encerrado bajo tierra, por arte de magia, siguiendo el rastro de una puerta cerrada de golpe, y envuelto en toallas mojadas de lágrimas que no te pertenecen, apretadas fuerte contra el pecho son iguales a las fotos pegadas en la pared.

Lágrimas cambiadas por un sentido agradecimiento.

El vestigio de años que se fueron, las largas esperas, el amor que no se agota en mi cuerpo, el amor, el amor, el amor...

La dulce condena, la profecía del camino, el fierro ardiente que con gusto tomaría mil veces.


Todo desaparece y acontece en el amor.


Hacia donde voy.


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7.11.2018

:: Un día ::


Avanzar sin mucho detenimiento, esquivando los dardos que llueven del destino, machacando el esfuerzo en cada paso, devorando las huestes de sombras que caminan alrededor.

Este día es un tanto largo, casi elástico. Entre ayeres y predicciones, el peso del cielo abruma mas que de costumbre. Mis ojos se cuelgan de cada rama desnuda, mientras el viento sopla hacia adelante, como empujando las ansias de armar la maleta y salir corriendo, o darse vueltas como un trompo viejo, girando en el vacío.

Quizás estemos girando, todo se detiene en un ciclo con fecha límite, la lienza del alma se desenrolla como un látigo en la carne abierta de tantas divagaciones sin destino ni fundamento.

Siempre quise amar al todo, descifrarlo hasta la médula final, saturarlo de preguntas y embriagarme con su indolente capacidad para dejarme plantado, en las miles de citas que leí, que escuché, que olí, que observé, que busqué, días y noches que no terminaron, que terminan y nunca volverán.

El frío de la mañana cincela la pendiente del falsario, todo al descubierto, el carácter abrigado de tantas respuestas se sumerge en un baile de media vuelta y renuncia; acontece el ocaso de rompe y rasga, las vacilaciones aplauden enardecidas, ciegas de tanta devoción, lujuriosas y abrazadas a mis piernas, tanto que tambalean de los muchos giros sin fondo ni meras preocupaciones.

El día cobra su precio, por esa hermosa propiedad elástica de la contemplación del espacio conforme al tiempo. Todo es una geografía sincrética copulando con la plasticidad sintética de la falacia, cimentada en la necesidad.

¿Y se renunciáramos a la necesidad? ¿Y si hiciéramos caso a nuestra irrelevancia? Toda moral salina sería un grito espantoso, placer del universo, voluntad de lo infinito, las piedras, la emancipación, el anhelo quebrado, la renuncia, un viejo vals con máscaras y el cuerpo como un traje de gala, las manos aferradas a la suerte, penetrándola fuerte, gimiendo el miedo y recibiendo la suculenta procesión de un orgasmo que duraría toda la existencia.

Pero no.

El día cobra su precio, siempre. 

La noche te convida de su propia melancolía, en el viaje maravilloso de los que no adolecen del tiempo ni los límites terrestres. En el castillo de los sueños, la ruleta rusa de las sensaciones, el dulce aroma de lo desconocido, desdoblando esta estentórea realidad que aplacada sucumbe a las delicias de tu propia imaginación por debajo de la almohada que solapa la conciencia, o la construcción de lo que realmente vale la pena soñar.

Narraciones que se tornan difusas y duran un par de pestañeos cuando despiertas, cuando abren la celda de la prisión de la carne, y las alas robadas se tornan invisibles, discretas, escondidas y aferradas a los postulados que nos permiten comprar otro día mas, ojalá a bajo costo y sin muchos sobresaltos.

Siempre avanzando, quizás esta vez los dardos hagan su trabajo, y la línea recta de la vergüenza sufra una diminuta bifurcación en tu esencia, que mezclada con un pequeño sorbo de vertiginosas sensaciones nuevas, puedan atribuirle un nuevo elemento a esa olvidada alquimia de la belleza, en este tiempo que nos prestaron para encontrar las respuestas equivocadas.

Tantos mundos, tantos días, elecciones dentro y fuera del piano de las oportunidades, siendo la propia sinfonía de la oscilación silvestre y equilibrando afinaciones disonantes, mientras bailas las menudencias de una obra maestra, al servicio del gran banquete de lo incorrecto. Y una lámpara ilumina el suave giro del vestido blanco de mi espíritu que seduce todas mis santiguadas verdades con las que me fabrico una careta, meto mi lengua en mis sombras que me imploran por una caricia lujuriosa, mientras tejo un chaleco con el peso del cielo para limpiarme las manos y amarrarme las maletas en la espalda para enrollarme como un trompo y girar hasta el fin, arrasándolo todo, con la elegante capacidad de amar para siempre.





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:: un chicle en el zapato ::

Siempre ocupamos las mismas palabras para edificar. En el cliché masticado hasta dejarlo sin aroma y sin sabor, dejamos tantas fotos olvidadas en cualquier parte, como los zapatos, los sostenes, las bragas, la polera, el pantalón, el sudor, el hambre, la belleza encerrada con llaves de malgastada esperanza y silenciosa generosidad.

Entre tantos momentos que se marchitaron, el propósito justificado en juramentos masacrados que paseamos en la pasarela o colgamos en la vitrina del morbo y el voyeur.

Orgullosos de que el amor se conjugase en nuestra boca, se grita a los cuatro vientos, se publica hasta en el obituario de turno, en todas las redes sociales, se busca el ángulo perfecto, se sube la foto y se remata con el apodo que le pusiste al que amaste,  en ese tiempo

Pero, nunca se piensa en el futuro. No existe. Nunca vendrá. Entonces la paja de entrar la ropa y volver a buscar apodos. Volver a ponerle nombre al amor, sea cual sea la figura: uno nuevo, uno viejo, el espejo, uno mismo, las mascotas, las causas primeras, la reconstrucción de las mismas falacias, despegar el chicle del zapato y volverlo a colorear.

La dialéctica del amor. El triunfo o el renuncio, la paz y la vergüenza, el amor de toda la vida, o el que entra sin permiso; los animales ahogados o los que se fueron, un momento, una fecha, un silencio; hay palabras, muertas o chistosas, nuevas o melosas, refinadas o estéticas, filosófas o conjuros del diablo, un buen café, una comida, el hambre o las drogas, la locura, la calma, la calle, la ciudad o la casa, la tuya o la mia, aleluya que paja.

Entonces viejos y pobres los que dudan, y sólo viajan de noche, juntando historias, apagando cigarrillos y destapando tempestades, emprendiendo retiradas para no masticar chicle.

Otra vez.

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7.04.2018

:: Trincheras y Emboscadas ::

En la emboscada, el horno fluye con el calor de las imágenes que se apilan en la hoguera. 

El invierno arde lejos, quizás en la luna y las telarañas gaseosas de una noche sin importancia.

En la suerte de forjar una trinchera para que los recuerdos se apilen y formen la última frontera que verán mis ojos antes de partir.

Día tras día, mis hojas caen de mis raíces gastadas, lanzando ganchos a los riscos del silencio para darme aliento y un poco de nostalgia.

Juraba que podía viajar colgado de las mariposas que habitaban en mi estómago, juraba que oliendo la tierra mojada que nace de la lluvia, todo sería purgado para obtener el perdón de los que crearon las reglas de este juego macabro.

En una caminata solitaria, siguiendo al sol hasta que me queme los ojos y de un aplauso la noche me abrazó hasta que ya no tuve lágrimas.

En el límite precario de la inmensidad, en las ideas secretas de hablarle a todo el mundo, soy el mudo que cuenta historias para ganarse la vida, recibiendo como pago un par de palabras que gusto de pegar en la pared de los sueños de plástico.

Nunca tuve miedo de vestirme de gala, de tener hijos y casarme con una mega fiesta de millones de besos en la vida toda que me tocó vivir.

Gustaba de leer historias de amor y llorar de vergüenza, soñaba con caminar contigo, sea donde sea que estés todavía, alma gemela.

Y aunque guste de ahogarme en esperanzas, me niego a seguir bebiéndome la sangre y vomitar indiferencia, me niego a dejar de creer en ti, en tu nula e invisible voz que me susurra desde lejos.

En la trinchera, pasaré largas noches leyendo las señales de la historia y me divertiré danzando como las arañas devoran a sus presas.

En la pequeña lucha, devolveré el precio de mi vida, junto a los de mi clase, los postergados residuos de una ecuación perfecta, creada por los dioses inmisericordes que clavan el clavicordio en las almas rotas que siguen viniendo al purgatorio.

Entonces, quisiera saberme preso de mis ojos, y aprender a pestañear como las proyectoras antiguas, para escudriñar en silentes fotogramas y acercarme un poco mas hacia donde puedas abrazarme y besarnos hasta que no nos queden huesos por romper.

Es raro esto de tener esperanzas casi cumpliendo los 5 años de la segunda vida. Es raro amarte en silencio y esperarte en cada estación por donde el mundo es un infinito, es raro esperarte aquí, en el fin de todas las cosas.

Es raro saberse un dios de mis propias decisiones, bautizado por el azar de romper los platos, las espinas, las brechas celestes de los lazos que se anudaron tanto que rompieron el fino cristal de los pactos que se juraron eternos, y para mi ya son dos lazos que partieron para nunca mas volver.

Es raro desnudarse, pero no deja de tener cierto encanto cuando el viento sopla el fuego interno y lo alborota hasta que las cenizas sean lanzadas en cada día, en cada mañana que despiertas y te alejas de ti mismo, le dices adiós a ese que alguna vez te acompañó en ese ayer que ahora sólo se almacena para el deleite de los gusanos que devorarán las innumerables emociones que una vida puede aguantar.


Es preciso lavarse las uñas y seguir escarbando en las nubes, es preciso seguir admirando la creación del azar cuando por primera vez tienes un triunfo en tu mano, mientras todos los vales ya fueron golpeados en la mesa coja de tantos tropiezos.

Es preciso caminar y fluir como la nieve que baja de la montaña, enfriando la cabeza y danzando con el río que renueva los suspiros, pronto crecerá la hierba verde y soplará septiembre para que las hojas nuevas vuelvan a mi cuerpo, para seguir bailando, para seguir escribiendo, para sonreírle al destierro de las jaulas de oro y flotar como un coscoroba en las aguas de mis propias lágrimas que limpiaron mi corazón salvaje que siempre se adelantó mucho para no perderse.

Ahora, en la trinchera, salgo de mi propia emboscada, apago el horno de mi propio misterio, me levanto y me sacudo el polvo, sé que volveré a desnudarme junto a ti, sé que volveré a coquetear con la locura de mis días borrachos, sé que alguna vez me detendré y me sentaré en una estación cualquiera y, con mucho miedo, me llamarás por mi nombre, sobre tu nombre...


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5.20.2018

Juramento.



Espasmos, goteras, suburbios, ostentaciones, sacerdotes de la lujuria, vagos que mendigamos la hipocresía de la eternidad, nos inyectamos un poco mas de nosotros mismos, aullamos, gritamos en silencio, dejamos que otros canten nuestra vida.

¿Que es la vida sino un violento regalo que mecemos para dormitarlo lento y fugaz, en una emancipación errada y heredada de otra existencia, recordamos el pasado, el otro pasado, como un amuleto, como un juramento, y nos envolvemos en la basta densidad de la peregrina esperanza de que obtendremos todas las respuestas, o quizás la única importante?

Caminando voy recogiendo los pedacitos del espacio que vendí en la primera edad. Renuncias que arden en mi cabeza como luciérnagas lujuriosas que me tocan sin miramientos, hasta alcanzar un pequeño desastre con olor a orgasmo sin fondo. La cama me hunde, el escenario huele a un delgado desprecio, sábanas llenas de estrellas muertas hace millones de años, la rudeza silvestre me rodea en una lógica plastificada, saneada por las palabras que descomponen, el paso borracho de miles de caminatas, hasta que al fin reconozco el sendero de un hombre solitario, orgulloso, altivo, multipolar, multiversal, el manto , oh madre, la gran noche que profesa su amor por uno de sus hijos predilectos, amor hacía las sombras, amor hacía el misterio de tus caminos, amor hacia el horizonte negro que baila las alabanzas de la mueca estelar.

Siempre es el mismo destino. Siempre cuando abro la puerta sufro de engaños basados en la posibilidad, y estoy seguro que hay muchos como yo en las inmediaciones de la mediocridad. Bastardos que compramos boletos para el crucero de la expectativa que siempre se hunde al primer aviso. O tal vez la ceguera.

Siempre me detengo a observarte, amada madre, te busco como la sombra pegada a la teta del suero que todos bebemos como cualquier adicción, para sopesar esta condena.

Conocerte es una necesidad que yo elegí en otras dimensiones. Quizás las pistas me llevaron a seguirte hasta este lugar, y la estrella central insiste en quemar mi envase sin brillo. Arden las heridas, supuran tedio y resplandor en este lento pasar que con miedo me arraigo para no partir demasiado pronto. Abrazo la esencia de mi cobardía con piedad, la beso profundamente para bautizarla como el motivo del odio que envenena mi saciedad. En este lado oscuro suelo refugiarme opacando la estentórea ansiedad; soy el predilecto hermano del amanecer, el guacho bastardo del mediodía, el que intenta escupir al cielo recibiendo bofetadas, el acertijo, la mentira y la muerte que tanto nos agrada.

Siempre me pregunto si mis hábitos son intercambiables. La ropa se pasa a vidrio, el aliento cansado extrae la verdad después de todo. Manejo una plétora invisible de anhelos cuando la hierba verde anuncia el invierno del invierno; los guardo como una fotografía en mi billetera, junto a la de mis hijos.

Es todo lo que puedo ver,
en estos días.


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5.09.2018

Memoria fotográfica virtual

De espaldas. Retrocediendo en dirección contraria, a veintinueve fotogramas por cada paso que nos aleja. Sabemos que nada hay que borrar. Todo fue construido a pulso. Esta casa de madera donde nos resguardamos del mundo. Tantas habladurías que rien a carcajadas. Tantos ojos que se besan eras enteras. Tu nombre sobre el mío. Cómplices de manos que se observan y que abren tantas puertas, levantando las cuatro paredes, esperaron al otro en silencio, sirvieron sopita con un ajo guacho que se quiso quedar con nosotros. Quizás no había nadie para entenderlo, ni nosotros siquiera. A veces el frío, a veces la lluvia, unas miles de cervezas y noches que esperarían el alba argenta que todo lo perdona. Pero seamos honestos, no todo fue tan malo, ni siquiera para el mundo que siempre llegó queriendo aguar la fiesta. Porque somos la fiesta, el amor y las sonrisas. Sentados en alfombras de miles de hojas amarillas decondicionamos el cielo para salpicarlo de colores, que tanta falta le hacen a esta vida, que esperamos por tanto tiempo, quizás desde que nacimos y buscamos la cuchara doblada, sin saber que la gracia era que no existe, sólo acá, en esta casa de madera que aulla con el viento, de tanto amar. Siempre perdiste, pero tienes presteza en ganarme en todos los juegos que invento para ti. Si, lo sé. Siempre los hago para que me ganes y verte sonreir. La ropa sigue envejeciendo, afuera vuelan los autos y las flores se cultivan en las nubes. Hay seres muertos que cohabitan con la octava revolución industrial. Nos han ofrecido el edén y una cita con el dios que queramos para vender esta casa. Lo que ellos no saben es que nunca tuvo precio, cuandos de espaldas, a vientinueve fotogramas por segundo, cada cual volvió a sus asuntos, en paz, guardando lágrimas en cada hoja que caerá en nuestros pies. Donde no hubo fabulosas destrucciones ni mucho menos epitafios para olvidar.

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5.07.2018

Bisiesto

Bisiesto.

El año de las luciérnagas que revolotean por el hielo cuando, y esto es absolutamente innecesario, las estaciones ocurren en menos de veinticuatro horas.

Cada cierto tiempo suelo caminar desnudo, cubriendo mis orejas de todo lo que me rodea. Hace hambre, hambre de narrar insolentes epitafios que imagino en el hermoso mausoleo donde suelo enterrar todas las emociones poco importantes o que aportan demasiado para respirar las delicias del gélido desprecio cuando el mundo gira repentinamente, sin previo aviso.

Ahora suelo esconderme muy adentro. Dibujé una mueca en el centro de una nueva catacumba clandestina. Soy la bilis cristalina que urge por enterrarse al borde del miedo, la garita que amanece con la cara cerrada de tanto esperar, el ciclo y el remanente de Jack.

Pongo estacas en cada pregunta. Las mido con escuetas llagas de otros años. Hoy no son mas que costras que junto en un tarro para cambiarlas por discretas carcajadas producto de la irónica dependencia a las calles trasnochadas, sin vida,  con perros aullándole a mis zapatos gastados de hundirse en la ingeniosa forma de construir pistas para que me siga la sombra que espero desde el momento que no pude con mi propia existencia.

En esta catacumba me protejo de los consejos del sol, de las oraciones de la luna, de las caricias de la lluvia, de los sermones del océano, de las enseñanzas de los cerros y de la seducción de la neblina.

Es cierto. Si. Es cierto.

A veces me olvido de mi armadura que me forjó mi vieja para protegerme de las mariposas que mecen la cuna de la ceguera, el engaño que asesina en cámara lenta. Descalzo y desnudo sigo tratando de encajar en un cuento de gente grande al cual no soy bienvenido ni mucho menos invitado.

Pero también es cierto que todos nos empinamos para mirar por la ventana. También es cierto que somos una ventana y el mundo infinito nace y muere a cada momento, en todo lugar por donde pueda viajar la imaginación en esta esfera redonda, sin esquinas, sin casualidades, forjada a punta de pactos no forzados y que crecieron en fuera de juego, anulados y expulsados con roja directa.

Somos la observación silente del viejo Jack.

Usualmente prendo un bracero con lágrimas desgastadas y que ya no fueron necesarias. Me abrigo de las viejas decisiones para escapar como un fantasma que nadie deba conjurar. Me acuesto en tercera persona singular para dormir escuchando canciones de vidas pasadas. Suelo quemar el cancionero cuando me da rabia y me sumerjo en sueños que me abracen para ignorar el destierro que elegí por opción no forzada.

Quizás me pregunto si estoy triste. Y luego, en esta inconclusa dualidad de la conciencia, suelo sonreir.

Nada tiene un complejo final.

Nada.

Cierro la puerta porque hace tiempo hay olor a gladiolos y a marcha atrás.

Soy el sabor insípido de la dulce derrota de Jack cuando se enamoró en un año bisiesto.

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Lovercraft

"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."

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