2.11.2018

:: Alma ::



Porque el alma se vacía,
sombras entre las caminatas nocturnas tras días que se partieron enteros.

Los cintos del paradigma se desatan conforme el viento de la carne sopla en taciturnas grietas que presenta la obligatoriedad de la nobleza indolente, eficaz e involuntaria.

Entre las cenizas del tiempo, las cadenas se dilatan como la rutina que se desprende del árbol guacho, al final de todos los caminos.

Estrellas fugaces en el escenario natural, el canto de los gorriones anunciando la festiva soledad de los fundamentos atornillados al cuerpo; la luz principal se prende cuando saboreamos el dolor con una sonrisa.

Sosiego, el alquitrán salino de las promesas se prende en un espectáculo de distracciones silvestres, la renuncia, sitios que ya no juntan la fantasía de lo que forjamos.

Entonces la gotera, el parche, el parche, el parche, la sangre que se derrama para desaguar el sentimiento que vuela libremente para que el niño se coma al león, sentado en la herencia del camello y de la negación del creador.

En la nave del olvido se me ha hecho un lugar para viajar a la patria de los naufragios y esperas muertas.

Nacimiento, heridas de parto, la carne desollada se da vuelta y se muda a nuevas vueltas de carnero, el gallo canta con lágrimas la medianoche; entonces la luna aparece al mediodía, gimiendo de placer, gozando el magma de una sigilosa impregnación, producto de la división del ego, entre yogas y noches enteras.

Siempre nos ponemos el poncho antes de salir a planear el océano y toda su arrogancia; nunca nos sacamos el gorro porque nos ahoga, nos deshonra y socialmente nos condena.

En el desierto de las nubes, retumban las cascadas de ojos que se cuelgan de ellas para salir disparados de las cuencas; El cuerpo tirado yace ahí, perdido entre la sombra que dibuja el sol, entre insectos y pajas que bailan alrededor; las retinas miran desde el cielo y sonríen, pues sin embargo nos amamos.

El vapor se condensa, los ojos se cierran, llueven falacias que humedecen todas las histerias, todos los relatos, las cifras se oxidan en un manantial de cruces que se dirigen al ombligo.

Es un cuadrilátero. Golpes bajos para el desayuno, cuerdas que sostienen espejos, sáquense los guantes, arriba los palmas, manotazos de ahogados insisten en romper el paño, el nocaut final para copular con la lona y el polvo final.

Canciones largas y ajenas, aventuras en el soplo de lo que sentiremos por amor otra vez, otra vez necesitaremos la paz que no dura para siempre.

Cerrojos y madres que cesan reclamando milagros.

El eterno retorno de la memoria girando alrededor de los faroles que guardaron silencio. El gorrión se largó por la ventana, sin alas, sin prisa, casi en cámara lenta. Atrás le siguieron los gusanos y las hormigas, mientras un par de moscas se aburrieron de aparearse con la sonrisa de las arañas.

He sido un polizón en mi propia vida, guardo un corazón de repuesto por si ya no queda nada para sentir.

Camino lejos, porque cuando el alma se vacía, no pasa nada; huellas en el barro que voy dejando para que no se me olvide el camino de vuelta al niño que siempre sonreirá, mientras la sangre del león chorrea por sus dientes.

Cuando el alma se vacía, camellos se reúnen a mi alrededor. 
El niño prende el faro.

Read more...

1.28.2018

:: Engerer y los nocturnos ::

Es una noche ciega, sosegada, ajustada a una mirada que insiste en perderse.

Todo es un sobrante de una espera que ha durado demasiado.

Cuando estoy afuera, siempre pienso en las noches que no estuve, en esas que me buscabas como la sombra busca la oscuridad imposible y salvajemente muerta.

He pensado en tantas imàgenes, tantos fotogramas indolentes que pasaron en cada una de nuestras noches ausentes de nosotros mismos.

A veces puedo bajar el vidrio para perderme en el bajo fondo de tantos recovecos olvidados, donde pudimos ser una relato basado en hechos reales.

Pero bueno, fuimos condenados a vivir en la ficción de todo lo que pudo ser. Y no fue.

Viejos caminos han sabido dibujarnos tiernos surcos en las menudencias de lo que somos a diario, en ausencia de nosotros.

Demàs está pedir perdón por todo aquello y lo demás.

Hemos estado demás hace tantos años.

Fuimos niños perdidos en el tiempo equivocado.

Esquivando promesas nonatas que ahogamos con la esperanza ebria de la casualidad de cada uno.

Ilusos fantasmas que hicimos de la vida una gloriosa promesa de espejos que se engañan cada vez que ofrecemos el cuerpo para ser devorado por la rutina de nuestras esclavas decisiones que sirvieron simplemente para sofocar esta hoguera que insiste en arder, pese a todo el océano que nos ha separado de tanta capacidad de amar.

Siempre estas ahí y yo del otro extremo.

Me pregunto en qué momento aprendimos a dejar de involucrarnos.

Y la vida sigue riendo a carcajadas de nuestra propia felonía. Marejadas de mortuoria melancolía suelen acudir a moldear nudos en la guata. Innecesarios como el malgastado aroma de justas edificaciones solemnes que enarbolamos como acuerdos para evitar el llanterio grotesco que nos merecemos de tanta idiotez sin mucha gracia. Nudos en la guata que atesoramos en lo mas profundo de la vivencia, ahí, cuando la mirada se perdió en cada vaso vacío que levantamos en nuestra memoria

O a tu salud.

Donde las casualidades no nos pertenecen,
Ni acontecen.

Read more...

1.16.2018

:: Nudo Ciego ::





Nudos de miradas en la sombra serpenteante, bajo la mesa servida de las promesas rotas.

Voltearnos un par de pasos, quitando algo de color a las imágenes que acuden para situarse en un reminiscencia propia.


Quizás para recordar olvidando, o anularse como si se tratara de una piedra que mella todo el placer de aunarse con ausencias que ya prescribieron

En un mundo privado de situaciones pueriles, usamos artimañas con prestancia y dedicación.

El perfume consuetudinario en el cuello, la danza salina que junta los océanos, manos que se pierden en continentes que aguantaron demasiado, ritos ancestrales que heredamos sin que nadie nos haya lastimado profundamente.

Miradas que husmean de reojo, anunciando el magma singular de la carne ardiente, caricias salinas solapadas por lo bajo, entonces las miradas, entonces la rodilla, entonces la sonrisa, entonces fuimos tantas noches sin querer, tantos gritos y gotas de cristal que se perdieron en el vaho de una de tantas despedidas líquidas, desgarradas y sin gracia.


La expectativa siempre supo desnudarnos en el momento preciso. Las miradas se perdían entre la piel de ojos humeantes, con olor a eternas costumbres de sábanas limpias, perdidas en un rincón escondido de todo lo que pudo ser.

Y seguimos volteando. La mirada, la cabeza, el teléfono, el gusto por acomodar nuevas imágenes de refrescan la vida. Porque ¿De eso se trata verdad? acomodar para seguir olvidando en el recuerdo de lo que fuimos; anulándonos como piedras que vuelven a la mano del que las lanzó.

Nos hemos dedicado a contarnos cuentos en un mundo plagado de situaciones y perfumes que nos invocan en todas partes.

Estamos obligados a renunciarnos por siempre, bostezando recuerdos ahogados en un día de algarabía cualquiera. Nada encaja de manera silvestre, todo sabe a notas desafinadas por el cadalso estampado en nuestra respiración cuando juntamos nuestros miedos.

Nudos viejos que sujetan carretas y barcazas apolilladas, el sol juega con estos huesos viejos de tanto recordar olvidando, he dejado que el viento me hable de ti; en cada banca levanto un pañuelo blanco para ver si te has ido de repente.


Amarrada en mis nocturnos puedo abrazarte en silencio; anudada en mi garganta te aflojo, te lanzo al vacío de una hoja blanca, desabrocho tu sonrisa y te desnudas, te recuerdo, te hago eterna, te acabas en mis lágrimas.

Y luego te desatas completa,


desapareces...









Read more...

1.12.2018

:: Polvo de Volantín Corta'o ::



Hace un tiempo, fuimos hijos del polvo.

Los días no tenían motivos para despedir al sol.

Ausencia de la memoria, el presente sin recuerdos.

Nos bastaba con abrir los ojos y tirarnos de la cama.

Nos bastaba con salir corriendo, para seguir corriendo y terminar exhaustos de tanto olvido.

Simples como el verano, suaves como el otoño, blancos de tanto amar, verdes racimos sin frutos
ni motivos necesarios.

Hace un tiempo no estabas aquí, en aquella foto.

Eramos el viento que mecía el pasto seco. 
Canchas de tierra entre las quebradas y arcos de piedra.
Estepa de invierno y quizás de barro.
Primavera de patria ajena sin importancia.
Ventoleras febriles de ropa nueva.
Un volantín cortado desató toda esta locura, 
todos corrimos cerro abajo, 
todos queríamos la gloria,
muchos cayeron en el camino, 
muchos ya murieron, 
otros simplemente se fueron
(o desaparecieron).
Creo que nadie pudo llegar a tocarlo.
Creo que nadie es digno de alcanzarlo.

Ahora
-como hace un tiempo-
somos parte del polvo.

Tantos polvos, que nos llenamos de polvo.
Tanta mugre acumulada nos consumió.

En esta senda inocente que debe avanzar sin retorno.

Avanzamos tranquilos al destino de la nada.

En él tránsito, nos fuimos vistiendo de recuerdos,
porque quizás seamos sólo eso: el recuerdo para los otros;
seguro estamos que lo seremos. Seremos eso o simples cifras.

Nadie recordará por quién lloramos, nadie podrá reírse como nosotros. Nadie pudo entrar en nuestra preciada soledad, ni nunca podrá.


Curioso volantín que se fue cortado, como tantas veces nosotros fuimos el volantín.

Fuimos cortados, nos fuimos cortados, nos cortaron la luz, quizás el agua, el cable colgado, el sueldo, nos cortaron de una pega, nos mandaron a la mierda, pero aprendimos que nadie se muere de amor.


La vida si se pudiera rebobinar. 
Cuánto tiempo ha pasado ya.
Desde aquella vez que nos escondimos para que nos encontraran, 
todavía esperando que nos libren, 
todavía sigo buscando a quién devolverle la pinta y hacerle millones de preguntas.
Sigo saltando los números para poder sobrevivir y llegar a fin de mes, sigo dibujando caballos de bronce en mi espalda, cuando tengo algún loco recreo de mi mismo.
A veces quisiera volver a trepar a los árboles, a escalar muros; a invadir iglesias gringas para recostarme en el pasto, lo único verde que había en la pobla en esos años.

Ahora, sabemos que de tanto polvo, volveremos al polvo.
el tiempo seguirá abriendo surcos en nuestro cuerpo, 
seguirá nevando en la cabeza, el estadio se irá pelando lentamente.

En el vuelo somos uno.
En el polvo al menos fuimos dos.

Y todos seguimos buscando el volantín cortado. 

En silencio nos empolvamos.
En silencio nos acordamos.

En silencio elaboramos falacias para dibujar caminos imaginarios
que nos alejan un rato del polvo.

Hace un tiempo fuimos hijos del polvo.

Hace tiempo fuimos niños.

Hace tiempo somos lo que somos
hace tiempo.

Hace tiempo,
el polvo.

Quizás mañana lo alcanzaremos,
para volar.













Read more...

12.25.2017

:: Serafín Caído Vengador::




Uno puede mirar el horizonte y oler.
El olfato no engaña y es sabido que en lo profundo de la calamidad, de la resaca y el momento que nosotros celebramos, (que muchos anunciarían como perdido) está la magia de sabernos como iguales.
Es algo más que tolerancia.
En los bajos fondos podemos jugar a las cartas y apostar abrazos ebrios, enarbolando antorchas de fatalidad, riéndonos de las ridículas licencias y del dinero que nos cambian por nuestro tiempo.
Y lo maravilloso es que no nos importa.
Y salimos de la caverna, para levantar la mirada y ver la miseria.
Entonces decidimos volver a entrar, para retirarnos a la fiesta del olvido.
Y aquí estaremos siempre, danzando en la hoguera de la locura.
Los demás pueden irse al cielo, con sus arpas de oro.
Acá estamos los sin patria, los hijos desterrados de Platón.

Read more...

12.09.2017

:: La Pregunta ::




¿Es la pregunta un error?


Esperaba el metro. 

Era tarde. 

De esas tardes cuando se respira hondo,mientras el manto de colores suele caer como un pañuelo, y los ojos hipnotizados se pierden al ritmo de la melancolía.

O de la frialdad de la reflexión nula.
A veces se parecen.

Era tarde.

Todo empieza a tornarse un tanto oscuro. Algo parece que nos quisiera absorber, algo que sabemos desde el alba propia, pero obviamos y dejamos fluir, quizás porque nos hemos mezclado con esta suerte de necesidad de vivir por vivir.

Quizás sea un error. 
La pregunta.
Todo alrededor puede ser una respuesta,una condición o una consecuencia. 
Para ella son preguntas que insisten en abordarla, por lo general cuando ya es demasiado tarde.

El metro tardaría al menos quince minutos. 
Aún tenía tiempo.
Aún podía arrepentirse y observar las miradas de aquellos que también esperaban. O retornaban. Da lo mismo.

Es que las preguntas son así.
Aparecen y desaparecen. En una respuesta o en la locura 
silenciosa de la duda. 

Era tarde. 

Habían muchas dudas por resolver.

El crepúsculo solía encobarse, precipitando un concierto granate de 

belleza, que abrazaba todas las respuestas.

Ella, como siempre, jugueteaba con su olvido. A veces era su perfume. Otras veces era el aroma de sus versos.

O de sus besos. Da lo mismo.

Era tarde.

Tarde para volver a releerlo.
O a besarlo. 

Quizás podía odiarlo mas de la cuenta cuando guardaba silencio. Quizás se llevó todas las respuestas, y la dejó sentada en un cuadro perfecto de días íntimos y una larga lista de asuntos que ya no les competen.

Era tarde.

Y siempre hay paz cuando uno se pierde en un atardecer. 

Era como si escuchara el piano lento de los nocturnos, ese que por las noches oía con un cigarrillo, en el viejo reproductor de discos compactos, que le habían regalado para un aniversario.

Era tarde. 

Y ya no recordaba la fecha.
Ni las horas, ni los días, ni los muchos años que pasaron.

Eran ahora parte de otra pregunta con otras respuestas.

Y de pronto, la luz. El faro que se aproximaba como un huracán. El metro enarbolaba el reflector que indicaba su advenimiento, desde la otra estación.

Ella temblaba de tantas preguntas. 

Sabía que podía ser fácil. Bastaba con dar una media vuelta y bajar por los escalones para perderse entre la noche que se avecina. Podía dejar las preguntas tal cual, como siempre, en el centro de lo importante, en medio de la nada que aprendió a decorar con todo el resto que aguardaba en su cabeza.

Siempre supo que no sería fácil.

Era tarde. 

Y tarde era para dar un paso atrás. 
El metro ahora gritaba fuerte su llegada. No eran mas que segundos los que faltaban. Su cuerpo era un relámpago de escalofríos. Esa ridícula expectativa que trataba de disimular.

Era tarde. 

Y el atardecer se le vino encima. 
Como una pesada carga, como una bruma que niebla los ojos.

Las puertas del metro se acercaban vertiginosamente. Pronto se abriría el portal que esperaba desde hace tanto tiempo.

Era tarde.

Demasiado tarde. Tenía tantas preguntas. Tantas caretas que podría usar como un escudo de lágrimas o una lanza de fuego. 

Pero estaba ahí, desnuda. Las preguntas rasgaron toda su armadura.

Siempre supo que ya no tendría a resguardo sus atesoradas respuestas.

Las puertas no terminaron de abrirse, 
cuando al fin 
pudo emitir una frase muy sencilla
una figura gramatical 
neutra del espanto:

.-  ¿Quién eres tú?.


Read more...

11.29.2017

:: Umbral ::



Detrás del espejo puede crujir el silencio, crepitando el pellejo, suele pernoctar una mirada vacía, multiplicada por un sin fin de supuestos categóricos que impiden la discreta observancia del grito obcecado que se disipa en el calor de una estrella muerta, cuando la gravedad devora el tiempo, las cifras son éticas, las frases, binarias; el ocaso se torna elástico, amanece una y otra vez: la vida; pájaros de hielo surcan el infierno, florecen las intenciones neutras, somos la espalda, el rostro al que nunca pudimos verle la cara porque pasó tan rápido, los vagones atestados de gente vacía, no hay paraderos, nadie se detiene, todos corren, todos salen y vuelven a entrar.

Detrás del espejo existe un paroxismo amatorio entre la verdad y el olvido, entre la belleza y lo inmoral, entre lo real y lo sensato. Penetra la suerte a todas las edades, las penetra con fuerza, las invoca; charcos de humo protegen la ofrenda entregada por los ancestros; la guerra montada en el relámpago cae como un latigazo para tatuar la piel con el misterio carmesí de todos los dolores de cabeza, en completa penitencia; marchas como un gaznapiro entre tanta metáfora sin rumbo, y yo no soy un buen anfitrión, y nunca supe terminar contigo.

Detrás del espejo puedes oler la mansedumbre de tu propia diversidad, el hedor de la libertad que nació ahogada, todo tiene sentido, todo puede calzar como un rompecabezas, pero a nadie le importa, nadie tiene tiempo, todo es por dinero, todo es por el mal menor, todo tapizado por la propaganda fúnebre de la belleza y la perfección. Lo sé, hay un sabor amargo detrás de todo esto. ¿Puedes sentirlo? el espejo nunca huye, siempre está ahí como un guardián de tu propia religión, en donde eres tu propio dios.

Detrás del espejo no existes, eres parte de la voluntad de los otros, que se miran al espejo, para no perderse.

¿O tal ves si miraras mas de lo necesario?

Abriendo el umbral de la santa locura, el último acto valiente antes de la muerte.

Read more...

Followers

Lovercraft

"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."

  ©Template by Dicas Blogger.