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Mostrando las entradas de marzo, 2015

:: Coloreamos ::

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Ella al fin se había rendido,  de espaldas, de rodillas, al debe, sangrando por los oídos las canciones de amor que se lo robaron... Ella, al fin,  se había rendido. Y se notaba. Dejó de imaginarlo desnudo, dejó de masturbarse con esa furiosa sensación de placer tortuoso que convocan las lágrimas y los espasmos, las moscas y las ventanas abiertas, la imaginación al servicio de la propiedad privada.  En realidad ha sido la más tonta de todas. Pero que importaba,  ella le amaba, o le amó,  ya no lo recuerda. Ella quería rendirse,  alejarse de todos los basureros  e inodoros,  instalarse un lumbago en la lengua, un descaro en el espejo,  una zapatilla rota en la escueta definición de la calma. Dejar de zambullirse, dejar de hablar, dejar de mirarse,  dejar la calma para los mansos y enterrarle una daga  a su instrumento, para que al fin pudieran parir notas de sangre,  como debe ser... Al final ella se había rendid

:: Taxi ::

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Ella observaba... Distante. La burocracia del placer le robaba las ganas; ahí en su niñez presurosa se perdían los últimos bostezos de la inocencia. Contrario a lo que ella creía, muchos súbditos tenía el imperio de la necesidad,  tanta gente perdía la cabeza por un par de papeles,  otros seguían creyendo en los cuentos de hadas,  muchos amaban el descaro de la hipocresía y la nula capacidad de percibir el bagaje mortuorio de la vida cuando es ahora. Tanta gente que ahogaba sus penas en la banca rota,  tanta gente que amasaba pequeñas dinastías de la bendita posibilidad de la vejez tranquila, la propiedad privada o el aumento del salario, de la pensión,  de la protección, de la salud, o simplemente un tiempo para dejar de ser. Las luces avanzaban de manera feroz, por delante de la ventana de un taxi cualquiera. La ciudad olía a una noche repleta de cadenas y candados, a cámaras de seguridad, a semáforos sin memoria, a carcajadas y balazos clandestinos, a super