:: Un pequeño suspiro ::


Un pequeño suspiro, hojas digitales que se fueron apilando sin que me diera cuenta, es toda una historia, mi historia, como el código, en un lenguaje digitalmente elaborado con un propósito: el de despistar.


En ese despiste se fueron juntando miles de historias, una que otra simulada entonación madura de lo que nunca ha sido factible, de lo que no termina de acontecer: entrar a este mundo a través del portal que me ofreció mi madre, para ubicarse y definirse, para elaborar madurados preceptos y luego lanzarlos al vacio del olvido, de la vergüenza, descascararse y seguir en la ruta, buscando morir dignamente mientras sigue la aventura que, a fin de cuentas, sigue sin importarle a nadie (debo reconocer que esta última frase me ha robado una carcajada).


A veces cuando escribo, pienso en que es irrelevante escribir, quizás por eso cuando las personas escriben, lo hacen a través de otras personas, narran historias imaginarias basadas en situaciones reales: para nadie es un misterio que la realidad supera abiertamente a nuestras ganas de abarcarlo todo y hacernos uno con toda la información del mundo, o tal vez se pueda confeccionar una escueta teoría sobre los sucesos que realmente nos importan, para vivirlos, obviamente.  Pero luego pienso que si hay algo que nos pueda distinguir de objetos inanimados que prontamente tendrán conciencia a traves de una inteligencia supuestamente artificial (El concepto en si mismo es una total estupidez: la inteligencia es, carece de un caracter natural, humano o artificial, pero en fin, tu me entiendes ¿No?) tiene relación con las ganas de hacer algo, ese impulso grotesco que a veces nos desencaja y no envía al infierno del desprecio social, toda vez que ocurre cuando estamos puestos, ebrios, tristes o muy ciegos de tanta felicidad, o al menos a mi me ha ocurrido en esos estados (nuevamente la carcajada jajaja)



Como te decía, un pequeño suspiro, las hojas seguirán apilándose sin que pueda detenerlas, sin que pueda ubicarlas, sin que pueda elaborarme un guión bien escrito, para que la vida no sea un despiste, sino mas bien un leve aparejo que sostiene mi escueta indolencia en la elaboración de mi propio lenguaje.


En esa elaboración, este espacio se ha transformado en un refugio, estoy como en casa, esta es mi casa, acá puedo ser todo lo que quiero, lo que anhelo, lo que aprecio, lo que puedo imaginar en cada momento, nunca quise este oficio, sin embargo aquí sigo, en el ejercicio de narrarme a mi mismo como el péndulo suave que acaricia la muerte lenta, insensible, pero siempre es la vida, como el viento, la que me eleva a lugares inalcanzables, cada reto es un momento o un lugar para desvestirme y volar como un volantín que se fue cortina porque sus tirantes hacia el dolor se fueron gastando tanto que ahora ya no le temo al fracaso, a látigo del sol en mis ojos, en mis caretas, la noche poco a poco queda atrás, siempre seré de ella, amo la noche, el manto sagrado de las renovaciones, y en esa renovación gusto de bairlarme sin tapujos ni premeditaciones; sin embargo, ahora tengos muchos mas miedos que antes, pero es en ese viento en donde quiero equilibrarme como un bello y distante suspiro, lejano de todo lo que pueda capacitarme como un indeleble resquicio por donde se fugarían todas mis mas queridas falacias con las cuales me cubro para no perder el sentido inagotable de toda esta mentira que llamamos realidad.


En estas meditaciones, siempre vuelvo a los mismos lugares, me encuentro con las melodías heridas de mi amigo polaco, el de siempre, el mismo tipo de letra, el teclado suena y suena, repito las voces en mi cabeza y luego las vocifero, como un susurro, para escucharme y que se posen lentamente en cada una de mis frases. Antes las afilaba fumando, bebiendo, llorando, tragando rabia, a escondidas, pocas veces escribí contento. Hoy no sé por qué lo hago, pero me gusta, me agrada esto de pasearme desnudo en mi casa, en mis letras, en esto que alguna vez o siempre quiso ser un espacio de emancipación.


Llevo escribiendo casi 20 años, y no me di ni cuenta. Quizás es bueno hacer un alto, tomar todas las hojas y lanzarlas al viento, para que el mundo se encargue. Tal vez. Es harta pega. Lo meditaré.-






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