¿Y quienes somos para citar la palabra como el escupitajo sagrado de los dioses, para enjaular los pájaros divinos que quisieron volar, a expensas de la negación silvestre de la esperanza?.
10.03.2013
:: De Reojo ::
Ella lo miraba desde las sombras,
de reojo,
sin mucha prisa.
Se cruzaban de repente, en las casualidades,
ella lo expiaba a través de la etérea provincia
de las apariencias implícitas.
Se preguntaba si él haría lo mismo,
ella perdía la mirada cuando se lo imaginaba
hurgueteando sus asuntos sin importancia alguna,
sus constantes viajes al filo de una cerveza mal parida,
cuando el mundo giraba sin razones firmes, con una notoria risita
que disimulaba con gran precisión esa silenciosa fatalidad,
de no tenerlo entre sus brazos.
El tiempo avanza irremediablemente, las vidas se van estirando
como un elástico mañoso, con esa funesta sensación de vacío incómodo,
mientras las noches son mas largas que de costumbre y no cesan de caer
lágrimas, que profundizan esta soledad macabra de los amantes despechados.
Entonces, era mejor esbozar una escueta sonrisa cada mañana,
era mejor salirse de si misma, esparciéndose entre amistades varias,
entre cátedras y viajes iracundos, entre los asuntos que cada vez
se lo van alejando.
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