
Lágrimas postreras se han erguido como
patrañas
en la inquieta apreciación
de la utópica
realidad.
Las telarañas de los nuevos tiempos
convergen en eléctricos desastres,
en conexiones que,
persistentemente,
han acabado por madurar,
produciendo en la opinión pública,
una necesidad imperiosa,
de adueñarse de los amuletos
tecnológicos,
última apreciación conceptual,
que se inyecta entre las venas
(binarias)
como el opio
(lozano)
de nuestro pueblo.
El yugo toma formas despiadadas.
Ya ni siquiera hay emoción,
cuando se cierra el telón
de mis propios ojos.
Letargo.
Ingenuidad.
Poca concurrencia.
O quizás una responsabilidad
que nos concierne
y que corresponde.
El artista aún sigue enamorado
o dibujando nuevos conceptos
para construir su propia tumba,
esa que se adorna
con flores que se han de llamar
(algo así como)
póstumas.
El artista
fuma y fuma nuevas ideas,
bebe y bebe el día a día,
dejando pasar el tiempo,
como si alguno de los segundos,
(perdidos)
volverán tranquilamente
a ubicarlo donde le concierne.
Hay tanta delincuencia
intelectual
en estos días,
cuando la tierra es una esfera,
que cayó por obra y gracia
del universo,
es como si fuera un argumento colgado,
así,
irreversiblemente,
en un árbol navideño,
de aquellas épocas donde no hace falta
la poesía.
Algunos hablan de catarsis,
yo hablo de catástrofe.
otros hablan de estética,
yo hablo de obediencia.
y por último los universitarios,
yo hablo de inconsecuentes.
Lo importante de todo esto
es que aún
y para siempre
hay tanto,
por hacer...
patrañas
en la inquieta apreciación
de la utópica
realidad.
Las telarañas de los nuevos tiempos
convergen en eléctricos desastres,
en conexiones que,
persistentemente,
han acabado por madurar,
produciendo en la opinión pública,
una necesidad imperiosa,
de adueñarse de los amuletos
tecnológicos,
última apreciación conceptual,
que se inyecta entre las venas
(binarias)
como el opio
(lozano)
de nuestro pueblo.
El yugo toma formas despiadadas.
Ya ni siquiera hay emoción,
cuando se cierra el telón
de mis propios ojos.
Letargo.
Ingenuidad.
Poca concurrencia.
O quizás una responsabilidad
que nos concierne
y que corresponde.
El artista aún sigue enamorado
o dibujando nuevos conceptos
para construir su propia tumba,
esa que se adorna
con flores que se han de llamar
(algo así como)
póstumas.
El artista
fuma y fuma nuevas ideas,
bebe y bebe el día a día,
dejando pasar el tiempo,
como si alguno de los segundos,
(perdidos)
volverán tranquilamente
a ubicarlo donde le concierne.
Hay tanta delincuencia
intelectual
en estos días,
cuando la tierra es una esfera,
que cayó por obra y gracia
del universo,
es como si fuera un argumento colgado,
así,
irreversiblemente,
en un árbol navideño,
de aquellas épocas donde no hace falta
la poesía.
Algunos hablan de catarsis,
yo hablo de catástrofe.
otros hablan de estética,
yo hablo de obediencia.
y por último los universitarios,
yo hablo de inconsecuentes.
Lo importante de todo esto
es que aún
y para siempre
hay tanto,
por hacer...
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