Giras y girando y giraremos con el pelo en la montaña y miles de noches con la mirada perdida, extasiada.
Entonces el baño, la ropa, los reyes brujos siguiendo las estrellas que alumbran su propia muerte, entonces este castillo que ha sufrido millones de asedios, y el tiempo; el final es para otros, no para nosotros.
El viento gime y limpia el camino chocando en el rostro lleno de luciérnagas, afuera lloran los gatos y una perra mueve la cola, designa el camino, lo graba con fuego en las pisadas mientras abre las puertas y todos huimos hacia cauces desconocidos.
Eso es lo bonito ¿no?
Álamos para embriagarnos, caminos de tierra que harán que llueva barro en los zapatos, y en la suerte y en la vida, o en la voz.
Y todos los caminos conducen al mismo destino. Y todos los destinos nacen y mueren al desayuno, y en esta grotesca mansión geográfica en la ubicación siniestra un pequeño descanso supo acomodarse tan precisamente ciego que no quiso desaparecer.
Almas que aprendieron a tejer y a nunca olvidar, ancestros juguetones que pusieron las fichas en apuestas de otras vidas, y ganamos tanto que renunciar a un par de años no se compara al amanecer sin prisa cuando vemos el umbral de la ciudad y raudos corremos al ocaso, al reencuentro, a la torre donde el tiempo se guarda en el congelador y a veces son millones de años luz.
Caminatas nocturnas que vendrán y tantas quedan, copas que siempre se levantaron de las fauces de la tristeza para sonreír, quizás como piezas faltantes de un lejano rompecabezas que une hilos invisibles que atan tus ojos a los míos.
Esto es todo tuyo. El secreto, la palabra, mi voz y tu paciencia.
Esto es casi un milagro. Casi, porque no hay manera mas digna de mirar al cielo, al horizonte, cuando es contigo.
Te amo.
Te conozco de hace tantas vidas, que me cuesta olvidar tus divertidas formas de apostarme, hasta que siempre me encuentras, y yo...yo simplemente siempre gano, siempre haces que yo gane, siempre haces que te siga hasta todos los puntos donde formamos una sola inmensidad silente a los ojos del mundo, que no nos interesa ni nos concierne.
¿Y quienes somos para citar la palabra como el escupitajo sagrado de los dioses, para enjaular los pájaros divinos que quisieron volar, a expensas de la negación silvestre de la esperanza?.
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