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Estrategia descendente, 

Carencias.

Abrumado por ojera de cemento, se comprimen las emociones
hasta transformarse en un holograma gastado, proyectado por un aparato viejo y defectuoso, 
un infierno prostético de sonidos que cantan las epopeyas dantescas de un sistema que no se sostiene ni por conveniencia.

Es el vapor de momentos antiguos y casi primitivos.

El aroma del sol ha renunciado a reflejarse en el océano.

Atmósfera manchada de caricias nocturnas, un remake de tus propias visiones en un lugar apartado de todo el jolgorio, una copa se eleva al infinito,
 a tu salud.

¿Quién pudo robarnos la multiplicidad de los colores, dejándonos sangran en blanco y negro, 
donde todo alrededor es un millar de fantasmas que te observan con miradas afiladas como navajas que amanecieron en un día de brillantes ideas? 

Ese maldito hábito de hacernos valer, relamiendo palabras que nos alientan a seguir en este lugar.

Disculpa, 

tras 

disculpa

Olemos a esa naftalina que se atrincheraba en los armarios, cuando fuimos el verbo viviente del candor. 

Hemos perdido de a poco, la poderosa inmortalidad de la vida que se nos presentaba larga y duradera. 


Estrategia menguante, 

Carencias.


¿Puedes decirme hacia donde se fue todo el color?

O al menos dime donde puedo seguirle un rastro, por mas mínimo que sea.

Respiro sensaciones inverosímiles, me gusta jugar con el espacio y las conexiones de mis neuronas, es algo que me entretiene desde niño, o desde que dejé de aportillar mis cavilaciones silvestres, 

mmm...

Creo que fue cuando deje de admirar al océano y toda su arrogancia.

Estrategia salvaje, 

Involutiva.

Cometo perversiones con mi sombra, trato de mirarla desnuda por si acaso quiere aferrarse a mis ganas de gritar un orgasmo, -¿puedes sentirlo?- la cosa por lo bajo es divertida, todas las cosas bajas son divertidas, ocurren sin previo aviso, se manifiestan sin previo aviso, como las olas del mar que bañaron todas mis esperanzas, alguna vez.

Recuerdo cuando después de clases me encerraba en la playa para compadecerme, siempre fui adicto a un par de cigarrillos, siempre me senté en el mismo lugar, siempre pregunté las mismas cosas, siempre me cogí a mi mismo para no molestar a nadie. 

No sé que mierda estaba pensando en crear este blog.

A veces creo que la estrategia de lanzar botellas al espacio no se me ha dado bien.

Me seguí cobijando entre mis falaces conclusiones, hasta que siempre anduve bien abrigado; el frío sosiego de la patria unicelular nunca pudo afectarme.

Estrategia elegante, 

Provocadora.

Desapareces antes de levantarte, suena algún artilugio para lanzarnos de lleno al nuevo día. Sabes muy bien que debes acoplarte al fatalismo responsable de las ideas desarrolladas por otros que tuvieron mas suerte que tu. Sabes que todo anda mal, hay algo en tu cuerpo que no te deja en paz. Pero hemos envejecido, al igual que todos alguna vez, y por tanto aprenderemos a callarnos, aprenderemos a ser esclavos de nuestro silencio, de nuestra omisión.

Pegado al piso, suelo mirar las migajas que se apegan a las extremidades de las hormigas que peregrinan todo el espacio terrestre, intercambian su tiempo por otras migajas que cambian en el mercado por algo de alimento y bienes varios, producto de la propia vanidad y la ingeniosa invención de la mercadotecnia y el marketing.

Henos siendo la conclusión gloriosa de la ecuación del siglo veinte y su control de masas anónimas.

Soy reiterativo, lo sé, y no me importa.

Pero es que vas a negar que nos acostumbramos a las victorias morales, somos una que camina con orgullo. Desarrollamos un discreto sentido de la consecuencia frustrada. Hemos aceptado nuestra condición lúdica del sinsentido de toda nuestra existencia, esto de ser un simple avatar del juego de los dioses ebrios, amargados y con ganas de que terminemos el juego como héroes.

Aprendimos a subir de nivel, portamos armaduras pesadas, esgrimimos cada vez con mayor destreza la voluntad de poder en la medida de lo posible. 

Somos la dulce derrota del vacío.

Estrategia pedante. 

Calculadora.

Es un halago que sigas leyendo hasta acá. 

¿Sabes? a veces me siento libre de mis presunciones. Yo no tengo la culpa de poseer algo de tu tiempo, mal que mal, le regalas a diario toda tu existencia a delicadas patrañas que nos contaron cuando niños y que aprehendimos con precisión. 

¿Puedes sentir eso? Quizás sea el silencio el que nos una. Porque allá afuera todo huele a un bullicio salino que no intenta desfallecer hasta que se agoten todos los recursos. Estoy completamente seguro que nos iremos a marte, o a otra galaxia, qué se yo: Tal es el comportamiento de nuestra virulenta esencia humana. 

A veces pienso en Dante y le creo. A veces me pregunto cuál será nuestra falta tan grave para que nos hayan mandado todas estas emociones que carcomen la incandescente levedad de todo lo que cada uno cree ser.

Pero las cifras se me diluyen y no logro consolidarlas, la deriva estelar me impide integrarlas en una paradoja, lo cual sería una de las mas hermosas respuestas que un ser finito pueda conjeturar
y por tanto coger.

Pero de verdad gracias, ahora siento que estoy algo mas cerca de ti, o tu del resto, o el resto sigue en la suya, lo mas probable.

Estrategia Mortuoria, 

Pequeña.

Una voz pura como el dolor del frío amanecer, sutil en las sombras los dedos acarician la piel con ganas de moldearte; un oportuno gemido me roba un par de escalofríos, esos labios húmedos contagian, el aroma de tu cuerpo desata mi locura, hay algo en mi cabeza que se neutraliza, y nuevamente soy el animal patriarcal que quiere poseerlo todo, una potencia elevada al infinito, quiero con fuerza levantarte y penetrarte, sé que en algún momento u otro estarás húmeda de tantas insinuaciones que secuelan tu exquisito arte de escuchar a ojos cerrados; sé que mis manos se alzarán con la dulce victoria que recorrerán el despejado horizonte de tus piernas, sé que me lo pedirás casi rogándome y mirándome a los ojos, 
para absorberme, 
para poseerme, 
para devorarme y hacernos desaparecer. 

Y yo sé que ese momento
 es mas valioso que un simple orgasmo. 
Porque son miserables conversaciones 
conmigo mismo.

Y dejaré de lado, 
por un momento, 
esto de sentir en blanco, 
negro 
y gris, 
para perderlo todo,
y caminar en silencio 
por todas partes,
una y otra vez.

una y otra vez.

Y dejarme ir...



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