12.06.2011

:: Pequeña Certeza ::

Sabíamos que, 
dónde hubo un pequeño espacio 
para nosotros, 
era en secreto, 
sin negociaciones previas 
ni avisos contingentes. 

La casualidad se paseaba de la mano 
con el misterio de las inexorables letanías 
que pronunciaban nuestro labios, 
para que el tiempo se marchara lejos. 

Cuando el resto se apresuraba por las calles 
para volver, 
nosotros caminábamos en cámara lenta, 
ya que 
la única certeza que teníamos, 
eran las despedidas.

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