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:: Multiversos ::

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Y si viene un perro y te ladra. Si empiezas a desvestirte y nunca terminas. O una ola del mar cubre todo tu atardecer. Quizás el tiempo es un ciclo dentro de otro,  y la nostalgia es sanguínea,  furiosa y sonriente. A veces el color del silencio.  A veces la maravillosa capacidad de recordar,  viajar sentado mirando hacia adentro; mirar de soslayo el devenir tranquilo de la noche  que todo lo absorta.  Y entonces lo planeado se confunde entre lo novedoso y lo inesperado. Y uno no sabe si confundirse o abrazar todo alrededor. Patear los techos de todo lo que alcanza la vista,  y las moradas se levantan como una ofrenda, el cielo se  cae a pedazos, la furia se tiñe de gracia gentil,  el aromo florece todo el año,  el  triunfo nunca fue suficiente,  ni siquiera la casualidad con la que conjugamos,  en una noche cualquiera, a una convocatoria a la que no queríamo...

:: Tropiezo ::

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Ella quería llover,  sostener un cuerpo en el abismo,  o simplemente apaciguar el bochorno de pensarlo todos los días. Imaginarlo como una ruleta rusa,  una premura lenta o una pequeña casualidad. Ella esperaba, como todos los días,  sentada en el mismo lugar a la misma hora,  en el mismo día,  los años son todos iguales,  las décadas pasan  y la vida se va aclarando,  a veces da pena,  a veces es bueno saber lo que viene,  a veces dan ganas de que los días vuelvan,  o también que faltan horas y el mañana sobra.  Ella quería llover sobre sus recuerdos,  emanciparlos de la inquisición moral,  apapacharlos con la ternura de un domingo trasnochado,  soplarlos al viento como un diente de león;  al final eran sus recuerdos los que la sostenían en el abismo,  mal que mal, la fábula de los perros quejumbrosos no es otra cosa que un simple murmull...

:: Aburrido ::

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Ella quería limpiar las arrugas de sus fundamentos,  teñirse el pelo de tonta que siempre le jugaba una mala pasada,  soñaba por la noches con erradicarse de sus anhelos. Ella caminaba descalza entre la jauría de amuletos a los que se encomendaba cuando iniciaba un nuevo día. Se sabía de memoria las peripecias con las que domesticaba  esa inmarcesible carencia de tiempo. Ella gustaba de lamer sus encantos, amaba la humildad de la noche, la indiferencia de las estrellas,  el misterio de la niebla, la voluptuosidad de lo desconocido, la preocupación del tedioso amanecer. Ella lustraba los guantes con los que se defendía a muerte de la despistada conjugación de las casualidades, esa simpática  demostración de poder que nos hace el misterioso encuentro con el olvido. Para ella no había motivos para comportarse, mal que mal,  todo era un asunto del instinto; el amor era, sin embargo, una cuestión religiosa: puede la...

:: Coloreamos ::

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Ella al fin se había rendido,  de espaldas, de rodillas, al debe, sangrando por los oídos las canciones de amor que se lo robaron... Ella, al fin,  se había rendido. Y se notaba. Dejó de imaginarlo desnudo, dejó de masturbarse con esa furiosa sensación de placer tortuoso que convocan las lágrimas y los espasmos, las moscas y las ventanas abiertas, la imaginación al servicio de la propiedad privada.  En realidad ha sido la más tonta de todas. Pero que importaba,  ella le amaba, o le amó,  ya no lo recuerda. Ella quería rendirse,  alejarse de todos los basureros  e inodoros,  instalarse un lumbago en la lengua, un descaro en el espejo,  una zapatilla rota en la escueta definición de la calma. Dejar de zambullirse, dejar de hablar, dejar de mirarse,  dejar la calma para los mansos y enterrarle una daga  a su instrumento, para que al fin pudieran parir notas de sangre,...

:: Taxi ::

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Ella observaba... Distante. La burocracia del placer le robaba las ganas; ahí en su niñez presurosa se perdían los últimos bostezos de la inocencia. Contrario a lo que ella creía, muchos súbditos tenía el imperio de la necesidad,  tanta gente perdía la cabeza por un par de papeles,  otros seguían creyendo en los cuentos de hadas,  muchos amaban el descaro de la hipocresía y la nula capacidad de percibir el bagaje mortuorio de la vida cuando es ahora. Tanta gente que ahogaba sus penas en la banca rota,  tanta gente que amasaba pequeñas dinastías de la bendita posibilidad de la vejez tranquila, la propiedad privada o el aumento del salario, de la pensión,  de la protección, de la salud, o simplemente un tiempo para dejar de ser. Las luces avanzaban de manera feroz, por delante de la ventana de un taxi cualquiera. La ciudad olía a una noche repleta de cadenas y candados, a cámaras de seguridad, a semáforos sin memoria, a carcajadas y balaz...

:: Teléfono fijo ::

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Ella simplemente lo llamó: .- Hola, quiero tirar. Él cometió el error de enamorarse. Ella ni se inmutó.

:: Ella Reaccionaba ::

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Ella reaccionaba. Con criterio, conforme le indicaban los medios de coacción, quizás porque leyó un mensaje, porque una imagen  supo cautivar su indolencia. Ella reaccionaba. El calendario, las fechas, los horarios, los aniversarios, las vacaciones, el día feriado, el bendito viernes, el domingo y su lasciva tendencia al fracaso, ya llega fin de mes, se acaba el período de gobierno, viene semana santa y sus pescados rabiosos, pronto serán las fiestas borrachas patrias, el año nuevo sin retorno, La pascua no existe, y sus amigos, los extraños. Las extrañas circunstancias que mantienen a raya toda la ebullición de un ser, con toda la impunidad dada de nacimiento por obra y gracia de su propia raza. Ella reaccionaba, y se tomaba la cabeza, se encogía de hombros, caía rendida a su propia excitación, sollozando, asfixiada por un viejo amor y la condena de un delirio que se justifica amén a la conservación de la especie... Ella reaccionaba. Prendía...