¿Y quienes somos para citar la palabra como el escupitajo sagrado de los dioses, para enjaular los pájaros divinos que quisieron volar, a expensas de la negación silvestre de la esperanza?.
Los alegres albores del pasado se han marchado inconclusos, dando lugar al festín de trapos viejos, o tal vez algo cansados de tanta comulgación con el sentido lugar de una siesta aberrante, o con ganas de bailar…. Esta es la siesta que ha desfallecido a las razones inconclusas, o quizás se contuvo a las andanzas en pálidas meditaciones, olvidadas por el silencio, que no nace herido, sino así de simple: como un polvo de estrellas inaccesible, todo acabado, y por siempre fatigado... En estas horas en que una bandada de pájaros ha de volar un tanto bajo para obsequiar un instante previo al ocaso de la razón que se marcha lejos, es en esta hora que las letras ya se callan, para por siempre recordar, el vacio de un momento que quisieron las letras inmortalizar cuando los cristales ya se duermen....
Definir la aupoiésis es una tarea muy fácil. Entenderla es complicado. De hecho me tomó un par de años en digerirla completamente y pretendo ser lo mas claro posible para que esta lectura no los lleve un viaje tan largo. Espero hacer honor a estos dos grandes biólogos. Vamos allá La Autopoiésis en sentido estricto se define como "la capacidad de los sistemas de producirse a sí mismos." Esta afirmación nace desde el punto de vista biológico de los seres vivos, pero, si se observa detenidamente, es aplicable a cualquier sistema y, por ende, fenómeno social. Los seres vivos son sistemas determinados por su estructura, es decir, "todo lo que ocurre en nosotros ocurre en la forma de cambios estructurales determinados en nuestra estructura ya sean cambios propios o acontecidos en nuestras interacciones en el medio, pero no determinados por este". Entendiendo este fenómeno, se postula que los seres vivos somos seres que nos autoproducimos ya que producimos nuestros compone...
Es hacia el ocaso, hacia esa curiosa, hacia esa curiosa, hacia esa curiosa dirección por dónde nos inclinábamos cuando éramos chicos. En el tiempo y contra el tiempo ahora comprendo lo valioso, lo meramente valioso, lo angostamente valioso, lo que se nos escapa por las manos y se resbala como el agua que no podemos agarrar. Y es el ocaso un refugio para nuestro propio dolor auto infringido, encarcelado en nuestras pueriles ideas vagas, directamente proporcionales a nuestra historia sesgada por la cultura y las ondulantes siluetas que se transformaron en sombras que se acomodan en los capítulos de nuestra propia historia, historia que no divulgaremos ni revelaremos a nadie. Tal es el compromiso con el placer, la vergüenza y la indómita persecución del futuro, para el futuro, con el futuro pero sin ganas de perderlo todo. La condena es redonda, circular a nuestras decisiones, sin grandes vértices que podrían equilibrar el caos de un agujero que se dobla en forma de una nueva e...
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