Ella miraba su reloj. Era tarde. Tarde para los que madrugaron temprano. Tarde para recordar vidas pasadas, tarde para fabricar cadenas de margaritas. El comercio abre a las nueve, el despertador se ahogó de tantas lágrimas, el espejo quebrado, el corazón parchado, el cielo amurallado, la silueta cansada, el valor puesto en la verdad, las mentiras en el congreso, o en el casino, o en la madrugada a las cuatro de la tarde, o en nada que hacer... bye, bye, bye, baby bye bye. Te mudaste lejos, lejos de mí, lejos de ti, al otro lado de la ciudad, Ella sospechaba, ella murmuraba, ella te leyó, lo hizo en breve cuando supo de ti. Los cerros levantaron barricadas, y ardieron por un verano completo. El tributo fue pagado en vano, el tiempo quiso avanzar de prisa, sin apuros, tan solo por capricho. No hubo tiempo para esperarte. Ella creció junto al reloj, y lo amaba. Le contaron tantos cuentos de borrachos nuev...