Es hacia el ocaso, hacia esa curiosa, hacia esa curiosa, hacia esa curiosa dirección por dónde nos inclinábamos cuando éramos chicos. En el tiempo y contra el tiempo ahora comprendo lo valioso, lo meramente valioso, lo angostamente valioso, lo que se nos escapa por las manos y se resbala como el agua que no podemos agarrar. Y es el ocaso un refugio para nuestro propio dolor auto infringido, encarcelado en nuestras pueriles ideas vagas, directamente proporcionales a nuestra historia sesgada por la cultura y las ondulantes siluetas que se transformaron en sombras que se acomodan en los capítulos de nuestra propia historia, historia que no divulgaremos ni revelaremos a nadie. Tal es el compromiso con el placer, la vergüenza y la indómita persecución del futuro, para el futuro, con el futuro pero sin ganas de perderlo todo. La condena es redonda, circular a nuestras decisiones, sin grandes vértices que podrían equilibrar el caos de un agujero que se dobla en forma de una nueva e...
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