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:: Serafín Caído Vengador::

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Uno puede mirar el horizonte y oler. El olfato no engaña y es sabido que en lo profundo de la calamidad, de la resaca y el momento que nosotros celebramos, (que muchos anunciarían como perdido) está la magia de sabernos como iguales. Es algo más que tolerancia. En los bajos fondos podemos jugar a las cartas y apostar abrazos ebrios, enarbolando antorchas de fatalidad, riéndonos de las ridículas licencias y del dinero que nos cambian por nuestro tiempo. Y lo maravilloso es que no nos importa. Y salimos de la caverna, para levantar la mirada y ver la miseria. Entonces decidimos volver a entrar, para retirarnos a la fiesta del olvido. Y aquí estaremos siempre, danzando en la hoguera de la locura. Los demás pueden irse al cielo, con sus arpas de oro. Acá estamos los sin patria, los hijos desterrados de Platón.

:: La Pregunta ::

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¿Es la pregunta un error? Esperaba el metro.  Era tarde.  De esas tardes cuando se respira hondo, mientras el manto de colores suele caer  como un pañuelo, y los ojos  hipnotizados se pierden al ritmo de la  melancolía. O de la frialdad de la reflexión nula. A veces se parecen. Era tarde. Todo empieza a tornarse un tanto  oscuro. Algo parece que nos quisiera  absorber, algo que sabemos desde el alba propia , pero obviamos y dejamos  fluir, quizás porque nos hemos mezclado  con esta suerte de necesidad de vivir  por vivir. Quizás sea un error.  La pregunta. Todo alrededor puede ser una respuesta, una condición o una consecuencia.  Para ella son preguntas que insisten en  abordarla, por lo general cuando ya es  demasiado tarde. El metro tardaría al menos quince  minutos.  Aún tenía tiempo. Aún podía arrepentirse y observar las  miradas de aquellos que ta...

:: Umbral ::

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Detrás del espejo puede crujir el silencio, crepitando el pellejo, suele pernoctar una mirada vacía, multiplicada por un sin fin de supuestos categóricos que impiden la discreta observancia del grito obcecado que se disipa en el calor de una estrella muerta, cuando la gravedad devora el tiempo, las cifras son éticas, las frases, binarias; el ocaso se torna elástico, amanece una y otra vez: la vida; pájaros de hielo surcan el infierno, florecen las intenciones neutras, somos la espalda, el rostro al que nunca pudimos verle la cara porque pasó tan rápido, los vagones atestados de gente vacía, no hay paraderos, nadie se detiene, todos corren, todos salen y vuelven a entrar. Detrás del espejo existe un paroxismo amatorio entre la verdad y el olvido, entre la belleza y lo inmoral, entre lo real y lo sensato. Penetra la suerte a todas las edades, las penetra con fuerza, las invoca; charcos de humo protegen la ofrenda entregada por los ancestros; la guerra montada en el relámpago cae co...

:: Venganza ::

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La melodía de un siglo de plástico retumba en el cementerio de un día lunes. Máscaras crepitantes succionan todo el aliento vital. La marcha de las hormigas displicentes inicia su procesión al olvido final de una jornada mas. En el concierto imaginario, se cambia todo por nada, aire por lágrimas, papeles por tiempo, palabras por axiomas, la vida es un relato caprichoso narrado por niños obesos que se cansaron de cosechar el universo. El día como un anciano sin rostro, se cubre de una muerte escarlata; En cada hogar nos espera el luto silencioso que nos convoca a la maldita esperanza de un fin de semana mas. Y la vida se nos va: como una preciada ofrenda que se consume a través de los mili-segundos cuánticos que no se dignan a darnos pelea, ni mucho menos la cara. Flores deshuesadas como singulares par...

:: Fiesta Sorpresa ::

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Inflando globos con gritos,  zapateando fuerte el silencio,  las olas del viento se perdieron junto con la mirada. Los ojos perdidos en el centro del universo. Recuerdos. Pudimos ser. Sumergido en una calle sin salida, naufrago en el frío cemento del abandono propio,  mientras llueven ideas vírgenes listas parar desvirgarlas con la solemne clemencia de la patria que me violó hace años. Los globos suelen reventarse a medio día,  cuando el viento me dirige un desprecio y el silencio huye de mi  como si yo fuera la encarnación de la propiedad privada. . Sigo en esta delicia culposa de ojos cerrados; soy la cerradura amarga de la continuidad  del tiempo, mi propia herencia genética. Seguimos siendo recuerdos,  puede ser. El círculo me arrastra del comienzo hacia el fin,  soy el radio perfecto de una historia  perpetrada a través del triunfo funesto del patriarcad...

:: Ontología Propia ::

Una onda que merece algo mas. Un trasnoche cotidiano que mira el día con los ojos nublados. Un idilio permanente que sueña con sus propios enemigos para buscar respuestas innecesarias. Una montaña de difícil acceso que se desquebraja  en flores y melodías melancólicas. Un barco de papel que se hunde en el arroyo de sus propias lamentaciones. Un gorrión que juguetea en el cielo crepuscular de una ciudad (eterna) olvidada como una ciudad del césar y todos sus asuntos. Un falso profeta que salió a comprar pan y cigarrillos mientras las miradas arden como el relámpago. A veces el muchacho salió un día  la ultima vez que se vio por ahí, frotaba por su cuerpo ese aburrido bloqueado lunar que tanto le gustaba. Casi siempre jugaba con sus reflexiones de pirómano intelectual. Odiaba el aire fresco que formaba las nubes,  esas hijas bastardas del océano y toda su arrogancia. Se sabía una onda, o al menos eso había aprendido c...

:: Transfusión ::

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La sangre,  el caminante espectral. Marchamos al exilio El inviernos sin remordimientos se cuela en el alma,   drenándola entera. El plexo digital conmueve de manera individual. El trono de hielo nos pertenece.   El pilar de escarcha se corrompe en nuestro propio silencio, mientras aullamos y aullamos como un lobo solitario, abucheado por las ovejas. La sangre. El temblor eterno. El bullicio del vacío sin fondo, todos hablan,   todos gritan,   que se callen,   que se callen. La sangre,   las calles negras. Entereza ligada al tedio que se rompe como un cristal, gélidas garras corrompen el corazón de piedra,   los mártires lo devoran como la última cena prometida   de la mercadotecnia. La sangre,   el abrazo vampírico de la suerte. La cifra final, el cuento terrible. Alocadas frases se pasean como fantasmas, el pulso se congela,   la hela...